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Estercita Forero: un icono de la cultura musical popular del Caribe que se fue

Estercita Forero: un icono de la cultura musical popular del Caribe que se fue

Foto tomada del blog del ELAGUIJONMUSICAL 

La muerte de Ester Forero Celis me trajo a la memoria una frase, que uno de los tantos profesores que me han formado en el oficio de historiador dijo un día en clase. Con el tono sentencioso, –dramático si se quiere- que usan los que comunican a su audiencia un concepto que creen trascendental, el hombre afirmó: “señores, un siglo no se acaba cuando el reloj marca las 12 de la noche del último año que lo compone. Un siglo se acaba cuando el último de los individuos que lo ha protagonizado lanza su último suspiro. Así las cosas, un siglo no se termina al mismo tiempo, para ningún tema, en todas partes”.

 

Si acogemos esa teoría hay que decir que el viernes tres de mayo, a las 6:15 de la tarde, se cerró para la cultura musical costeña la página que escribió la primera generación de compositores del siglo XX. A esa hora, en la clínica La Asunción de Barranquilla, falleció Estercita Forero, una de las mentes que más contribuyó al forjamiento de la cultura popular caribeña de Colombia, un país Caribe que siempre ha vivido de espaldas al Caribe.

 

 Ester Forero es uno de los últimos iconos de una generación de compositores y cantores, que construyeron el basamento del folclor costeño moderno, que nos abandona. Ella, al lado Rufo Garrido, Pedro Laza, El Negro Meyer, El Mono Guillermo Buitrago, Lucho Bermúdez, Pacho Galán, Juancho Polo Valencia, José Benito Barros, Pacho Rada, Luis Enrique Martínez, Abel Antonio Villa, Antolín Lenez, Rafael Escalona, Emiliano Zuleta, Los Gaiteros de San Jacinto, Andrés Landero, Carlos Huertas Gómez, El Cabo Herrán, Tobías Enrique Pumarejo, Colacho Mendoza y Alejandro Duran, forjaron la cultura musical costeña a pulso y contra viento y marea.

 

Esa primera generación de cultores de la música colombo-caribeña surgió en una época en la que la mayoría de las manifestaciones culturales del caribe colombiano, sobre todo las que tenían que ver con la música y la danza, eran tenidas por los entendidos en cultura nacional –tanto en el interior, como en la costa misma-, como representaciones culturales de naturaleza inferior, que ponían en escena el sentimiento de calentanos incultos y folclóricos, amantes del exceso y la vida bullanguera.

 

Sobre esa manera de ver el folclor de la costa atlántica colombiana vale que traiga a colación la opinión de un programador de la Radiodifusora Nacional de Colombia, que en el año 2000 realizaba, los domingos en la mañana, un programa de “Música Colombiana”, que era en realidad música de la Región Andina. En su programa el hombre lanzó una vez una frase que todavía martilla mi memoria. Después de disertar largamente sobre la finura poética del bambuco y de otros aires interioranos, concluyó diciendo que “la cumbia, el porro y el vallenato, que tanto suenan en la radio comercial, son en realidad aires de baja calidad musical, de pobre catadura poética, carentes de sentimentalidad y de espiritualidad, que no se cansan de hacer gala de la voluptuosidad y convocar a la lujuria, cosa que no pasa con manifestaciones musicales como el bambuco y la guabina, que siempre evocan el pudor y el recato”.

 

Según ese programador los ritmos de la costa norte de Colombia no representaban las manifestaciones más autenticas de la música colombiana, “porque su base rítmica es mayoritariamente africana y porque su mezcla permanente con la música de las islas del caribe, les resta linaje para poder ser catalogados como ritmos colombianos autóctonos.”

 

Esa visión de las cosas es, grosso modo, la misma filosofía del grupo de .Facebook Luchemos unidos contra el vallenato”, cuyo manifiesto dice: “Como ciudadanos Colombianos que vivimos y nacimos en los departamentos que componen la región andina colombiana debemos reaccionar ante esta delicada situación, y ya que estamos cansados de tanto abuso de mal gusto y falta de respeto, debemos alzar (ó seguir alzando) nuestra voz de protesta”.

 

En los tres primeros puntos de la “plataforma de lucha” del grupo, que contiene 11 puntos, se nos invita a organizarnos para evitar que se afinque el vallenato en otros países”, para que no se generen alli “los mismos fenómenos de represión que hasta ahora han generado (los vallenatos) en los 13 departamentos que conforman a la región andina colombiana”; a no comprar “CD"s de ritmos vallenatos pues con ellos” se financia a “las hordas vandálicas que constantemente mantienen sumergidas en una profunda represión a mas de 32 millones de colombianos que habitamos los andes colombianos” y a consumir y “difundir por todos los medios [...] la música típica de los andes colombianos(Bambuco, Sanjuanero, Torbellino, Rajaleña, Guabina, Pasillo, Rumba, Criolla, Shirú, Ritmo de Caña, Ritmo de Danza, Son Sureño)”.

 

De la resistencia, que han mostrado los actores –particularmente andinos- estructuradores y legitimadores del imaginario cultural nacional frente a las manifestaciones folclóricas costeñas, da buen testimonio una respuesta de Eduardo Santa, miembro de número de la Academia de la Lengua, a periodistas de El Tiempo. Cuando los periodistas le preguntaron como le había parecido el espectáculo de vallenatos, que amenizo la posesión de Juan Gossaín y Daniel Samper como miembros correspondientes de la Academia Colombiana de la Lengua, Santa respondió: “Un espectáculo interesante. Al fin y al cabo, el vallenato hace parte del folclor colombiano”.

 

La opinión de Santa me recuerda un comentario que le he oído a varios amigos y que he leído también en Internet, pero del que no puedo dar fe que sea cierto. Mis amigos sostienen –y en Internet Farto1 afirma- que Antonio Caballero dijo que Álvaro Gómez afirmó alguna vez, que él “no iba al carnaval de Barranquilla porque era para calentanos y no escuchaba Vallenatos porque era la música de la "masa ignara".

 

Los elementos que hemos traído a colación nos muestran que las reacciones fuertes frente al posicionamiento de la cultura caribe en los escenarios andinos; particularmente capitalinos, proviene tanto de los altos heliotropos de la cultura y la política –particularmente de tendencia conservadora-, como también de los sectores de a pie. Quienes así piensan no digieren aún la naturaleza diversa de Colombia en el plano cultural. Muchas de esas personas asumen que ser culto es consumir, ante todo, los productos culturales foráneos, que llegan de países con mayor desarrollo económico que Colombia.

 

Eso se evidencia en las reacciones de los foristas de los periódicos capitalinos ante notas como las de Jorge Nain Ruiz, qué escribió para El Tiempo la nota “Bogotá se vallenatizó”, a la cual reaccionaron algunos lectores como Yolita Roja, que le dice: “señor no se equivoque”. “Si conociera realmente (Bogotá) se daría cuenta que somos mas ROQUEROS Y SALSOMANOS, sobre todo Rock”. La opinión de Yolita es retomada por otro comentarista, apodado Davemetal, para quien “si bien a la gente (de Bogotá) le gusta el Vallenato”, Nain Ruiz “está equivocado al decir algo totalmente erróneo”, pues “por una minoría aficionada no puede mentir de esta manera” y afirmar que “Bogotá se vallenatizó”.

 

Los reductos de resistencia que aun persisten no atacan sólo al vallenato, que también genera reacciones desencajadas y opiniones despectivas entre ciertos sectores costeños, de entre los que quiero destacar al poeta y bloguero Juan Carlos Ensuncho-Bárcena, por que tiene en Internet un frente Contra el vallenato”. Estos reductos de resistencia abarcan  todas las manifestaciones culturales colombo-caribeñas. Cada vez que se enferma o se muere una gloria del folclor costeño y el hecho es tratado en los medios capitalinos, los comentarios desdeñosos contra lo colombo-caribeño salen al flote y se cuentan por cantidades industriales.

 

Por ejemplo, cuando se enfermó Juan ’Chuchita’ Fernández, los comentarios despectivos contra todo lo costeño, en las noticias publicadas por El Tiempo, fueron elocuentes. Varios ejemplos, para ilustrar el punto. Colombia1951, aunque el tema era cultural y no tenía nada que ver con política, exclamó: ¡y que viva la corrupción en la costa! Colombianaorina, no se cansó de inundar el foro con una pregunta de tono incivil. En todas las notas relacionadas con el enfermo, integrante de los célebres gaiteros de San Jacinto, el susodicho forista siempre escribió: Repito mi pregunta de ayer: ¿quién es ese viejito tan feo y sin dientes?”.

 

Para cerrar el caso Chuchita Fernández, el comentario de Vascopaisa, quien también escribió en El Tiempo un comentario que es la verdadera tapa de la olla: “Que se muera este negro costeño, ni uno mas, fuera negros de Colombia”. Su comentario no escandaliza por xenófobo y racista, pues ese tipo de comentarios no son nuevos con respecto a los costeños. Ese comentario escandaliza por una evidente falta de compasión, que deja al descubierto el veneno que intoxica su personalidad enferma y que ha condenado su alma al raquitismo espiritual.

 

Comentarios del mismo estilo de los que abundaron en las notas sobre la enfermedad de Chuchita Fernández, también se volvieron a reproducir en los portales de los diarios bogotanos con ocasión de la muerte de Ester Forero. Allí comentaristas como bashan y julianoapostata repitieron hasta el cansancio sus comentarios desencajados contra lo colombo-caribeño, encarnado esta vez por la cantautora Barranquillera.

 

Considero que el espíritu anticosteño de algunos interioranos, -lo mismo que el espíritu anticachaco que agita el corazón de algunos costeños-, es el resultado de una educación, que no nos ha permitido identificar los verdaderos valores que representan la colombianidad, pero eso es parte de otra discusión.   

 

La percepción “de inferioridad” que tiene de la cultura musical costeña un amplio sector del interior del país, en el que sobresale un grueso numero de gestores culturales: particularmente aquellos que se encargan de preparar los álbumes de música colombiana, es la que nos puede explicar porque los cultores de los aires andinos están sobre-representados en todas las antologías de música colombiana, que han salido al mercado desde que la industria musical se implantó en el país.

 

En lo que respecta a la obra musical de Estercita Forero, ésta, al igual que la de casi todos los cultores que mencionamos atrás, no aparece en las antologías que por años han circulado en el mercado. Durante años la única pieza musical costeña, que se incluyó en dichas antologías, fue el porro “Colombia tierra querida”, que no es la mejor creación musical de Lucho Bermúdez. Las cosas han cambiado un poco, sobre todo después de la serie de televisión “Escalona” y de la entrada en la escena musical nacional de Carlos Vives. A partir de ese momento, una que otra canción de Rafael Escalona, que nos es “el mejor compositor de cantos vallenatos de todos los tiempos”, como lo sostuvo Joaquín Mattos Omar, en una crónica publicada en El Tiempo, ha entrado a formar parte de dicho repertorio.

 

Una aproximación a Ester Forero desde la letra de sus canciones.

 

Conocí musicalmente a Estercita forero gracias a la agrupación musical dominicana Los Vecinos, que sacaron al mercado en 1985 un álbum, en el que estaba registrada una maravillosa canción, que inicia con ese verso magistral que dice:

 

Faroles de luceros girando entre la noche

la brisa es un derroche de sones cumbiamberos

Locura de colores las calles de Curramba

tambores de parranda ahí viene la guacherna

Ahí viene la guacherna tremenda pa’gozar

Ahí viene la guacherna me envuelve en su compás  

 

La Guacherna, interpretada por Los Vecinos: .youtube.com

 

Me acuerdo que una vez un poeta, con el me que cruzaba en algunos recitales de poesía bogotanos, me pidió que le recitara siquiera un verso de un poema universal. Como nunca he memorizado nada que no considere útil, para no decirle que no recordaba ningún verso de un poeta celebrado por sus versos, le solté ese verso. Carente del sentido del humor, mi contertulio me dijo: “El merengue es una bazofia que nunca tendrá poesía amigo mío”. Riéndome le dije: “al contrario de lo que tú  piensas creo que las canciones de Estercita Forero son poesía pura, porque uno baila con ellas”.

 

Al comienzo pensaba que la guacherna era una canción de Milly Quezada o Jocelyn Arias, las líderes del grupo Los Vecinos. Después, en el inolvidable programa Donde nacen las canciones de Jimmy Salcedo, vi por primera vez a Estercita y descubrí que era la autora de la Guacherna y de otra canción, que Los Vecinos habían puesto de moda. Las imagines contenidas en ese merengue me tomaban por asalto cada vez que se les daba la gana y por eso a cada momento me encontraba repitiendo:

 

Volvió Juanita y dijo que no volvía

Volvió con una maleta cargada de lejanías

Volvió Juanita con su pollera pintada

De pájaros y colores, de amores y de canciones

Que bonita se ve llegando del aeropuerto

Regresando otra vez a su gente y a su pueblo

Ay, Juani-Manuela tu linda piel de canela

Cuando bailabas la rumba en noches de luna llena

Y tu cuerpo de palmeras, sabor de coco y panela

Alegría y aguardiente resbalaban por las caderas

 

Volvió Juanita y esta bailando la brisa

La plaza y las campanas, las flores y las sonrisas

Y los recuerdos, calor de la vieja casa

La tasita de café, el agua de la tinaja

Volvió Juanita interpretación de Los Vecinos: youtube.com

 

Cuando escuché a Estercita explicándole a Jimmy las razones por las que había creado la canción: “celebrar el retorno de muchachas conocidas suyas que emigraban a Venezuela o a Nueva York para curarse de las frustraciones amorosas y que regresaban después de cierto tiempo”, supe que esa melodía se quedaría para siempre en mi repertorio musical preferido. Con ella recordaré el retorno de mis tíos, que habían emigrado a Venezuela y que venían de vez en cuando a visitar a mis padres en los tiempos de mi niñez.

 

Curiosamente, en Internet, muchos atribuyen a las lideres de los vecinos la autoria de La Guacherna y Volvió Juanita, canciones a las que identifican como dos clásicos de la “tradicional música Dominicana”.

 

Gracias a las canciones de Estercita forero conocí a Barraquilla antes de conocerla. Para mí la Arenosa es y será como ella me la pintó en sus canciones:

 

Las calles de mi vieja Barranquilla

Doradas por el sol y las arenas

El caño saludando al Magdalena

Con flores de bonita batatilla

Jardines con noche de serenata

Faroles bajo la lunita grata

Retretas de la plaza al camellón

Y los palitos de matarratón

 

Estercita Forero canta Mi vieja Barranquilla : youtube.com

 

Hoy, aunque no sea de Barranquilla y aunque el paisaje de Santa-Marta sea mi paisaje preferido entre todas las ciudades del Caribe, yo siempre seré de Barranquilla, porque Marco Aurelio Álvarez me dijo en una de sus canciones: “Barranquilla es tu ciudad” y Estercita me aseguró que “La luna de Barranquilla tiene una cosa que maravilla”.

Juan Piña y la revelación interpretan La Luna de Barranquilla.youtube.com

 

Postcriptum: la editora de “La Barca de Enoin” me hizo caer en cuenta que aun quedan vivos varios de los grandes cultores de la música colombo-caribeña, que construyeron nuestro folclor musical durante el siglo XX. Me mencionó a Wilson Choperena, autor de ‘La pollera colora’, al ciego Leandro Díaz, autor de la Diosa Coronada, quien no ha entrado todavía en Wikipedia, en español, pero tiene biografía en Wikipedia en inglés, Lorenzo Morales, a quien según Colarte.com  no se le ha reconocido su verdadero valor, Noel Petro, el celebre Burro Mocho, que es el cantautor sinuano mas cotizado en el mercado latinoaméricano, Pablo Flores, que vive aún de “Los Sabores del Porro” en Cienaga de Oro, y Miguel duran, el apenas conocido pollo caucano. Esa precisión me permitirá volver sobre el tema de la cultura popular costeña un día de estos.

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