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La Barca de Enoïn

Germán Gutiérrez: de recolector de tabaco a cineasta laureado

Germán Gutiérrez: de recolector de tabaco a cineasta laureado

Affiche du film L’affaire Coca-cola

El domingo 13 de marzo de 2011 el cineasta Germán Gutiérrez recibió el premio Jutra, al mejor documental realizado en Québec durante el año 2010. Gutiérrez fue premiado por un documental sobre la vida de Pierre Falardeau, un hombre controversial, que a pesar de ser un cineasta talentoso, fue relegado a los linderos de la marginalidad en el seno del séptimo arte quebequense. Esa condición de renegado se debe a que Falardeau se destacó por tratar temas espinosos y polémicos, como la crisis de octubre de 1970 en Québec, que le valieron la antipatía de amplios y poderosos sectores del establecimiento en Québec y Ottawa.

La osadía de realizar una película sobre la celebre crisis de octubre, evento que desencadenó la mas importante movilización militar interna en Canadá en los últimos 40 años, poniendo en escena el discurso del grupo guerrillero FLQ, nos prueba el talante controversial de Pierre Falardeau. Para poner las cosas en contexto, vale la pena recordar aquí que la Crisis de octubre se desató por el secuestro del ministro provincial del trabajo de Québec, Pierre Laporte, y del embajador de Gran Bretaña en Canadá, James Richard Cross. Mientras que el embajador fue liberado, el ministro Laporte fue asesinado en cautiverio.

Para honorar la memoria de ese iconoclasta incorregible que fue Pierre Falardeau, un antropólogo y teólogo transformado en cineasta, que se declaraba admirador de la América Latina, German Gutierrez y su esposa Carmen García produjeron Le documentairePierre Falardeau Este documental, que ha avivado las pasiones de la critica cinematográfica francófona de Canadá, le mereció a Gutiérrez el máximo galardón del cine quebequense: el Jutra.

 

Reconocido en el exterior y desconocido en Colombia

Si usted escribe Germán Gutiérrez como categoría de pesquisa en el buscador electrónico de El Tiempo o de El Espectador (principales diarios colombianos), puede encontrarse con noticias que hacen referencia a políticos de segundo nivel, deportistas en asenso o descenso, delincuentes comunes o simples parroquianos, que han dado su testimonio para un reportaje de prensa. Paradójicamente no encontrará una sola noticia que se ocupe sobre la obra y trayectoria de este cineasta bogotano, que lleva más de 25 años transitando por los vericuetos del séptimo arte. Esto sorprende, porque Gutiérrez por la cantidad de documentales que ha realizado, por la calidad de su obra y por el lugar que se ha ganado en el medio cinematográfico norteamericano, debe ser uno de los documentalistas de origen colombiano más importantes y premiados en el exterior, a lo largo de la historia cinematográfica del país.

De los medios colombianos, sólo la revista Semana le consagra unas cuantas palabras en el reportaje “Para verse mejor”, publicado en septiembre de 2009, el cual fue ilustrado con la foto de Gutiérrez. Según Semana el documental “El caso Coca-cola”, que se iba a proyectar por esos días en la “la Muestra Internacional Docu-mental de Bogotá” es “excepcional en su factura y contenido”. Según Semana dicho documental pone “a Colombia en un contexto mundial”, por ser una producción “de primer nivel”.

Cuando se explora la carrera de Gutiérrez, uno se encuentra con una pila de documentales, que abordan temas tan variados, que van desde la vida de los insectos, de la que se ocupa en Insectia, un documental realizado en compañía del conocido entomólogo Georges Brossard, hasta la cotidianidad de las tribus indígenas del Amazonas, que aborda en Vivre en Amazonie.

De la lente de Gutiérrez no se han escapado temas como el narcotráfico, del que se ocupa en “Sociétés sous influence”, la cotidianidad de los inmigrantes latinoamericanos en Quebec, que trata en el documental “La familia latina”, ni la vulnerabilidad de los activistas sociales y los dirigentes de izquierda en Colombia, que  aborda en “Quien le disparó a mi hermano”. También ha realizado trabajos para la televisión canadiense, entre los que se cuentan las series “Out in the City”  y “Les Ruraux du 21e.

¿Cómo se explica entonces que un cineasta de un trabajo de tanta calidad sea desconocido en su país de origen? Según lo que el mismo Gutiérrez nos comentó eso podría deberse a varias razones. La primera: “Yo salí de Colombia cuando tenía 16 o 17 años. Hoy tengo 55, y a estas alturas he vivido dos tercios de mi vida fuera del país”. La segunda: “mi relación con los diplomáticos colombianos, que vienen a representar al país en Canadá, nunca ha sido la mejor, porque se sienten incómodos conmigo por los temas que trato sobre Colombia”.

Para ilustrar lo último trae a colación una anécdota: “Cuando ice la película sobre mi hermano, esa película fue seleccionada para abrir el festival de documentales de Montreal, porque había tenido varios reconocimientos. Yo llamé al consulado para que la promocionara entre los colombianos a través de un boletín que ellos difunden, porque la entrada era gratuita. El cónsul me preguntó sobre que trataba la película. Cuando yo le di el nombre y le dije que era un documental sobre la inseguridad en Colombia, en el que se abordaba la problemática que afecta a los dirigentes del sector social, terminó diciéndome que no, porque ellos tienen completamente prohibido promocionar todo aquello que deteriore la imagen del país”.

A pesar de sus logros y de sus premios, a pesar de que considera que la mayoría de su cine es colombiano, “porque yo hago cine colombiano como si fuera un cineasta colombiano que nunca ha salido de Colombia”, Germán Gutiérrez asegura que sólo una vez ha trabajado en Colombia. Para reforzar lo que dice afirma: “Nunca antes, hasta la semana pasada (primera semana de noviembre de 2010), había recibido un cheque colombiano. Me lo giraron por los pagos de los honorarios que cobré por ser jurado de un festival de cine”.

 

¿Cómo llegó Germán Gutiérrez a Canadá y cómo terminó dedicado al cine?

El 17 de noviembre de 2010 entrevisté al cineasta Germán Gutiérrez en el marco de una investigación que adelanto sobre inmigrantes colombianos en Québec. En esa ocasión nos contó las peripecias que ha pasado en su vida de inmigrante. Cuando le pregunté como llego a Canadá me dijo que antes de venir a Québec se fue a estudiar teatro a Francia y cuando estaba a punto de regresar a Colombia, por casualidad, terminó viniendo a Canadá.

Hablando sobre las circunstancias que lo trajeron a Canadá sostiene: “Cuando estaba en París, los estudiantes latinoamericanos teníamos la costumbre de irnos en verano a hacer trabajos de estudiantes a Estocolmo. El trabajo consistía en limpiar hoteles, hacer jardinería, hacer aseo, etc. Estando en Estocolmo, un buen amigo mío, un brasilero que estaba estudiando pilotaje en Francia y que trabajaba conmigo en ese momento allí, me dijo: “Germán vámonos para Ontario”. Al escucharle su propuesta le pregunté: “¿Ontario, y donde carajo queda eso?” Él me dijo: “Eso queda en Canadá”.  “¿Y qué diablos vamos a hacer allá?”, le pregunté un poco escéptico.  “A  recoger tabaco”, acotó él. “¡Qué va a haber tabaco en Canadá!”, le respondí yo. “¡Hombre que si hay!”, me replicó “y entre poco comienza la recolecta”. Para hacerte la historia corta, el hombre me convenció. Compramos los pasajes y nos vinimos en agosto de Estocolmo a Otario a recoger tabaco supuestamente por 45 días. Los granjeros para los que trabajábamos nos daban alojamiento y comida. Gracias a eso uno se ganaba una buena cantidad de plata, pues como el trabajo era increíblemente duro era también bien pago. Ese es uno de los trabajos más duros que he hecho en la vida. En realidad cuando yo vine aquí venía a recoger tabaco, a trabajar 42 días y hacerme 2000 dólares, par regresar a Francia, terminar mi formación en teatro y luego regresar a Colombia. En ningún momento había planeado quedarme en Canadá. Al final de la cosecha, como yo conocía una gente aquí en Montreal, que había estudiado teatro conmigo en París, decidí venir a verla. Como tenía plata, armamos un plan. Nos compramos un carro: me acuerdo bien que nos costó 200 dólares, y nos fuimos a pasar parte del otoño en La Gaspeci. Durante ese viaje dormíamos en el carro y vivíamos en el carro. Al final regresamos a Montreal, la ciudad me sedujo y me quedé”.

¿Cómo me hice cineasta? “La cosa es bastante simple. Durante ese invierno, en febrero o marzo, hubo un grupo de cineastas de aquí que me invitó a trabajar con ellos en un proyecto que consistía en ir a grabar el Carnaval de Barranquilla, para luego hacer una película. Me llevaron de guía y para que me ocupara de la utilería. Terminé haciendo cámara y la cosa me gustó. Cuando regresamos yo quise seguir con el proyecto, pero ellos me dijeron: “no chico tu trabajo terminó, ahora el resto es de nosotros”. Uno de ellos viendo mi interés me dijo que si quería hacer cine, que me fuera a estudiarlo en serio. Fue así como me fui a Ottawa al Concord College y allí aprendí el oficio en un curso de dos años. Esa es mi historia. Fue así como pasé de recolector de tabaco a director cinematográfico”.

 

Enoïn Huamanez Blanquicett

Montreal 21 de marzo de 2011

Una versión para los lectores canadienses de esta crónica fue publicada en la edición del mes de abril de la revista electrónica multilingüe Urbana-Legio, que se edita en Montreal, http://issuu.com/urbanalegio/docs/002.

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3 comentarios

lucia -

hola enoin,me gusto mucho

SYLVIA JUANITA -

buena tu cronica estas un tanto gordito te ha setaso la buena vida cuando vienes a colomb ia te cuento que mi mamita ha fallecido y en cinco dias ya cumple dos meses de su partida. mi hermana esta viviendo en fusagasuga con mi sobrinito y ando solita cuita mucho una abrtazo y un beso virtual como siempre cuidate mucho

Saul -

Hola Enoïn, te felicito por tu blog y por compartir con nosotros la trayectoria de German Gutierez. Es una inspiración ver como sus vivencias le permitieron ser quien es hoy!

Saludos,

Saul
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