Blogia
La Barca de Enoïn

¡Le bailaron el indio en la U al dueño de El Ubérrimo!: Reporte de una conversación de vecinos en una tienda de barrio

Imagen de indigena bailando tomada de macocaya

 

Ese domingo, como no tenía nada que hacer, me levanté a eso de las once de la mañana. Sobre las paredes del cuarto se estrellaban con rudeza las ondas sonoras emitidas por los parlantes de los equipos de sonido del vecindario, que rugían a todo timbal. Hacer sonar sus equipos en la cresta de los decibelios es una costumbre atávica de los vecinos de los barrios populares de Montería, todos los fines de semana. El estrepito que salía de cada parlante fustigaba con furia mis oídos. En ese barullo de melodías, que viajaban por el aire y se metía en mi cabeza a la fuerza, venían mezclados fragmentos de lamentos destemplados de acordeones, que amenizaban las letras quejumbrosas de vallenatos tristes; quejidos cerriles de tambores cimarrones castigados con rudeza por las manos inclementes de Ray Barretto; retintines de arpegios exóticos producidos por cuerdas de guitarras y bajos electrónicos rasgados por músicos de las diferentes tribus de África; contrapunteos fogosos entre clarinetes y trompetas de bandas pelayeras; cadencias altisonantes de rimas soeces de canciones de reguetón; la confesión de un proyecto de homicidio múltiple, seguido de un suicidio, protagonizado por un borracho que prepara la tragedia apurando tragos dobles en la cantina de un pueblo cordillerano; ecos de voces destempladas de cantantes de champeta, que saludan entre verso y verso a la mitad de los habitantes de un suburbio localizado en las cuestas del Cerro de La Popa en Cartagena de Indias.

 

Después de despachar mi magro desayuno, como me encontraba desprogramado, me fui a matar el tiempo a El tumba cuchara de Cucho, la tienda de mi primo Jesús Salas, que es hoy por hoy el ventorro más viejo del barrio Sucre. Cuando yo vine a este mundo, ya Jesús Salas y su esposa –que es en efecto la verdadera prima mía- estaban allí parados, detrás del mostrador de su tienda vendiendo todo tipo de víveres, abarrotes, licores y cigarros al menudeo. Por eso desde que me conozco, siempre me he visto pasando mis horas libres de la semana en los alrededores de esa tienda, donde concurre y circula una fauna bien peculiar: mariguaneros principiantes e inveterados; jugadores de dominó amateurs y veteranos, mecánicos jubilados y aprendices; vagos que van por la vida sin rumbo fijo y vagos que tratan de encauzar el rumbo de su vida; bebedores que quieren compartir con alguien una copa y bebedores que esperan que alguien les comparta una copa, comadres que tienen chismes frescos para contar y comadres que buscan quien les cuente frescos chismes.

 

Cuando llegué a El Tumba Cuchara de Chucho, en una butaca rustica, al lado de la puerta principal, estaba Hipólito Blanco Bocanegra, un negro que vino del Valle del Cauca hace por lo menos cinco décadas. De Hipólito las malas lenguas dicen que fue quien introdujo entre la juventud monteriana sin norte fijo el mal hábito de fumar marihuana. Los vecinos del barrio Sucre dicen que ese negro es ya un elemento más de la decoración de El Tumba Cuchara de Chucho, porque desde el primer día que Chucho y mi prima abrieron su ventorro, ese negro ha estado allí sentado al lado de la puerta. Al verme, el negro que ya pasó hace rato por el séptimo peaje de la vida, me saludo chocando el puño de su mano derecha con el puño de mi mano izquierda:

-          ¿Y qué profe?: ¡conéctese! ¿todo bien, todo bien, o hay algo fuera de control?, me lanzó el negro con su dejo gangoso. ¿Qué plan tiene para amenizar este domingo matón?

-          ¡Nada negro, nada! Solamente escuchar el tictac del reloj viejo man, le dije con evidente tono apático. ¿Te tomas una fría por cuenta mía o te la vas a pasar de abstemio hoy?, le pregunté en su lenguaje críptico.

-          No profe, en esta vida regalado uno coge hasta un tiro y hoy, en honor suyo, yo me hecho todas las que usted mande, ripostó el negro en su jerga de hierbatero viejo.

 

Para aparentar distraerme en algo instructivo, le pedí prestada a mi prima la edición dominical de El Espectador y me puse a revisar los titulares por no dejar, mientras escuchaba las historias de toda suerte que contaban los clientes de la tienda. A eso de la una y media de la tarde llegó, con una nieta que alborota las hormonas masculinas de medio mundo, doña Magola Godoy Colorado. Desde que la conozco, doña Magola ejerce como capitana del Partido Conservador en el barrio. Gracias a sus amarres en las ramas altas del poder político local, doña Magola trabajó durante su vida productiva en la burocracia estatal, hasta que le llegó el momento de hacer uso de su derecho al buen retiro. Con decirles que fue la única de todas las personas del barrio, que trabajaba en el sector público, a la que no votaron de su puesto cuando se produjo el revolcón del presidente Gaviria. Y de las influencias de doña Magola se han beneficiado sus hijos, yernos y nietos, pues ellos son entre mis conocidos de los pocos que tienen una butaca fija en las oficinas del Estado y pase lo que pase nadie se las mueve. Puede temblar la tierra, caerse medio mundo y cambiarse el orden del universo, pero los vástagos de doña Magola quedan en sus puestos. En todo caso, en caso de que sean removidos de sus cargos, lo hacen para pasar a uno mejor, pues como los globos inflados con helio, siempre caen para arriba.   

 

Cuando doña Magola entró a la tienda allí se encontraba ya doña Tirsa Fuente de Bulla, una santandereana, que se instaló en el barrio Sucre en la década de 1980. Doña Tirsa fungió, desde su llegada al barrio hasta la irrupción del dueño de la hacienda el Ubérrimo en la escena política nacional, como organizadora liberal independiente. A pesar de su entusiasmo para buscar votos por el partido del trapo rojo, los gallos copetones de ese partido nunca la retribuyeron con ningún cargo público. Por eso para ganar su sustento, doña Tirsa se ha rebuscado la vida todos los días en una y otra cosa. En el 2002, cuando el dueño del Ubérrimo entró en la puja por el escritorio principal de la Casa de Nari, doña Tirsa abandonó las toldas liberales y se fue detrás de ese jinete paisa temerario, iracundo y sombrío. Ese acto inesperado del destino, que puso patas arriba el curso de la historia política del país le dio un giro radical al curso de la vida de estas dos damas de clases sociales, de lenguajes y de modales opuestos, que antes del acaecimiento de dicha circunstancia no escondían la antipatía que sentía la una por la otra. La deserción del dueño del Ubérrimo de las filas del centenario partido Liberal, su meteórica ascensión a la presidencia de la república y su inquebrantable popularidad hizo de estas venerables matronas –en el pasado adversarias acérrimas – dos  compinches y confidentes, que comen en el mismo plato, beben en el mismo vaso y hacen sus necesidades fisiológicas en la misma bacinilla.

 

En general yo no le presto mucha atención a las conversaciones de los demás, pues como dice mi madre cada uno tiene sus demonios que domar y a mí los míos me quitan demasiado tiempo, como para andarme ocupando de los demonios ajenos. Sin embargo la conversación de estas dos jugadores de primera línea en la escala microscopia de la política nacional llamó –en grado sumo- mi atención. Lo que narraré a continuación recoge –grosso modo– los pormenores de la conversación, que sostuvieron esas curtidas organizadoras políticas de barrio –y algunos entrometidos que metieron la cuchara en esa charla ajena – el día domingo diez de febrero de 2013, delante de la clientela de El tumba cuchara de Chucho, la tienda de mi primo Jesús Salas, en el legendario –y nunca bien ponderado – barrio Sucre de Montería, ciudad vecina de la célebre hacienda El Ubérrimo.

*****


Imagen de indigenas bailando tomada de gstatic


-          ¡Hay hita querida, siquiera te encuentro mija!, exclamó doña Magola en tono preocupado cuando se percató de la presencia de doña Tirsa en la tienda.

-          ¿Qué le pasa Magolita mija, qué la está sofocando en la sombra?, acotó doña Tirsa, con su ríspido acento de santandereano montuno.

-          Figúrate Tirsa, que el lunes o el martes, prorrumpió doña Magola con su dejo de matrona costeña de barrio popular, tuve una pesadilla horrorosa.

-          ¡No me diga mi amor! ¿Y eso qué se soñó qué la tiene tan preocupada?

-          Imagínese que mi nieta me leyó antes de irme a la cama una entrevista, en la que ese lagarto horrible del Roy Barreras decía: “No me asusta Uribe, por bravucón que sea”. Mientras me iba quedando dormida el timbre de la voz de ese zángano oportunista, invadía mi cabeza lentamente y yo lo escuchaba diciendo: “Uribe es un padre regañón, que se fue de la casa y está equivocado.  Por eso no tengo ningún temor de enfrentarlo y darle su merecido si no se hace a un lado. Esta va a ser una pelea padre y señor mío, en la que le voy a demostrarle quién es el macho que manda en este rancho. Creo que les llegó el momento a los colombianos de decidir entre el pasado y el futuro. Como dijo la canción de Carlos Vives: en esta furrusca se la lleva él o me la llevo yo, pero se va a acabar la vaina carajo”. A partir de ese momento mijita, me descubrí caminando en una calle sombría y tenebrosa, habitada por toda suerte de malandros que se drogaban sobre los corredores y participaban de orgias espantosas –con personas del mismo sexo – en  los antejardines de las casas. Como no me atrevía a detenerme, seguí caminando con el corazón en la mano. Al llegar a una esquina doblé y me encontré con una multitud que se gritaba, a voz en cuello, palabras indecibles en una jerga de ñeros capitalinos y pandilleros paisas. De eso  sólo recuerdo una cuantas palabras groseras: gonorrea, pirobo, triple no sé qué  y catre ijuetantas. Cuando me fui acercando a la multitud vi a Roy Barreras con el pelo peinado en forma de cresta y pintado como de veinte colores. Tenía los brazos llenos de tatuajes. Estaba vestido con un jean entubado, un chaleco de dril sin mangas y calzaba un par de botas de esas que usan las tropas de asalto de las fuerzas armadas en las paradas militares del veinte de julio. Le colgaban del cuello como diez cadenas de estilo extravagante. Sobre su pecho descubierto reposaba aproximadamente una docena de dijes macabros y un cristo de plata horripilante, como esos que usan los mafiosos labaperros que abundan en este barrio. Frente a él estaba el doctor Uribe con una pinta de pandillero paisa de la Comuna Nororiental. A Roy, para que no se fuera a las manos con el doctor Uribe lo aguantaban la doctora Dilian Francisca Toro y Piedad Zucardi, que estaban vestidas como fufurubas. Roy estaba rojo de la ira y gritaba como un poseído: “¡suéltenme, suéltenme para que vean que yo si le voy a enseñar a este lengüilargo como era que mi abuela capaba los gallos y como se matan los piojos en los conventos de un solo manotón no me joda!” La doctora Dilia gritaba con toda su fuerza: “¡Nooooooo Royyyyyy, nooooo, que él es tu padre!  Del otro lado la senadora Liliana Rendon del Bolillo, aguantaba a Uribe y trataba de calmarlo echándole esencias florales por todas partes. Éste le gritaba a Roy: “ ¡Si es varón salga triple no sé qué, gonorrea hijo de tantas, para darle en la cara marica”. El Roy estaba a punto de levantarse a golpes con el doctor Uribe, cuando llego el presidente Santos en una camioneta. El platón del vehículo estaba lleno de bolsas de tostadas y de cajas con frascos de mermelada. El presidente le dijo a Roy en tono terminante: “¡Roy te calmas ya, o te mando al carajo!... Compórtate como lo que eres oye: un varón electoral de la nación. Ya te lo he dicho varias veces: uno no puede ir por este mundo trenzándose en pugilatos con cuanto rufián de esquina le salga al paso, queriéndole demostrar que es él el que manda en el barrio”. Mostrando un evidente sentimiento paternal, Santos abrazó a Roy, lo subió a la camioneta y los dos se alejaron calle arriba en dirección de la Casa de Nari. Detrás de ellos se fueron corriendo los dignatarios de todos los partidos políticos del país, porque el doctor Santos dijo: “solo a los primeros que lleguen a mi despacho les repartiré mermelada con tostadas y huevos pericos”. El doctor Uribe llamó a los dirigentes del partido de la U, pero nadie le paró bolas. Iracundos, algunos de los que estaban con él comenzaron a gritarles en tono provocador: “Así le pagan ustedes al mejor presidente de la historia, voltiarepas… Uribe es el padre y por eso el presidente debe escucharlo…. El que debe  irse es Santos”. Pero nadie les prestó atención y Uribe se fue quedando solo. Desesperado comenzó a rajar en su jerga de pandillero de Medellín: “este hijo de tantas de Santos es un derrochón, que se me gastó los tres huevos que le di para que me cuidara, gonococo catre no sé qué”. Un manzanillo perfumado de segundo orden, venido de quien sabe qué pueblo del suroccidente del país, que no ha podido pelechar nada en la burocracia estatal durante el gobierno Santos, le dijo en tono silente: “tranquilo presidente –porque usted es aun nuestro presidente-, la base del partido es uribista y eso no lo puede negar nadie”. Miguel Gómez, el nieto del inolvidable presidente Laureano Gómez, que estaba al lado del manzanillo desconocido, reafirmó lo dicho por éste en tono solemne: “si doctor, es evidente que los electores del partido están con usted y los directivos están con la eme de mermelada”.  Con evidente frustración, rumiando la amargura que se les reflejaba en el rictus, el doctor José Obdulio Gaviria y el doctor Fernando Londoño se lamentaban entre sí, diciendo: “lástima que la gente que de verdad nos apoya está hoy toda en la cárcel carajo, sino les enseñaríamos a estos pendejos cuanto es dos por tres”. María del Pilar Hurtado, que estaba ataviada con un look de jefe de sicarios, se acercó discretamente al par de compadres y les dijo en voz baja : “si ustedes me autorizan yo puedo conseguir tres pintas que le chuzan ese paciente sin dar tanta boleta. Mejor dicho todo pasará por positivo siendo falso y como si fuera un truco de mago, con un simple juego de manos, crearemos con un falso, un positivo. Si ustedes me autorizan para ese cruce, yo reúno los pizcos en el sótano en secreto. Con éstos organizaremos una riña de borrachos en un bar de mala muerte y allí en medio de la película se acostará, si tanto visaje, a la figura como si fuera un juego de niños.” El par de contertulios hicieron como que no la oían, pero en el fondo estaban bien sintonizados con ella. De un momento a otro un chaparrón helado comenzó a caer sobre ese barrio nauseabundo y todo el mundo corrió a refugiarse como pudo. Yo intenté hacer lo mismo, pero no podía moverme. Estaba atornillado al piso para siempre, pues el concreto del pavimento me llegaba hasta las pantorrillas. Al constatar que no podía moverme, la ansiedad se apoderó de mí y comencé a gritar como una poseída. De pronto alguien me movió. ¡Yo desperté azorada y prívate!

-          ¿Qué?, espetó doña Tirza con aire intrigado

-          ¡Me había hecho chichi en la cama!, exclamó doña Magola, con evidente aire avergonzado.

-          ¡Hay amor, su pesadilla es un crudo reflejo de la realidad mija!, apuntó doña Tirsa, dejando ver una mueca amarga en su semblante. Ese partido de la U ha resultado ser toda una caja de sorpresas desagradables, como los caballos vendidos por los gitanos y el tal Roy Barreras resultó más falso que una moneda de cuero, querida. Atrás quedaron los tiempos en que ese lagarto escamoso dijo en el programa radial Hora 20, que el Presidente Uribe podía ser la fórmula vicepresidencial de Juan Manuel Santos, para que Uribe siguiera en el poder tras bambalinas. Según él, esa tinterillada –como la califico un reconocido hombre de derecho- permitía hacerle un homenaje a Uribe, asegurando de paso la elección de Juan Manuel Santos en primera vuelta”. Después, cuando la campaña para las alcaldías, salió con el cuento de que ojalá el presidente Uribe sea el candidato para Bogotá. Cada día que pasa me cae más mal ese bicho desagradable, que siempre se mueve en la dirección en que se mueven los puestos. Cuando Uribe estaba montado en el caballo se identificaba como el uribista más pura sangre de todos los uribistas. Hasta llegó a decir que Uribe tenía la talla histórica de Bolívar. Ahora cuando lo atacan, porque va saltando –como el mono araña – de rama en rama, según la dirección que siga el que tiene el frasco de mermeladas y la bolsa de tostadas, él sale a decir: “Mi partido es La U y mi obligación es Colombia. Tengo y seguiré teniendo la más grande admiración por el presidente Uribe, pero yo no respondo ni a las presiones ni a los afectos. Respondo a la conveniencia nacional. Soy leal a las ideas y sobre todo al país”. Oportunista carajo, cambia de posición política como cambian de piel las serpientes: ¡todos los meses!

-          Hay si amiga, acotó escandalizada doña Magola, ese Roy Barreras hoy sólo cree en Santos. Su “voltearepismo” es repugnante. Los que lo conocen dicen que nació en el Valle como galanista, cuando el galanismo desapareció migró a cambio radical, donde se escondió bajo la pollera de German Vargas Lleras. Cuando Vargas Lleras peleó con Uribe se peleó con Vargas Lleras y se metió a la U y allí se comportaba como el más Uribista de los Uribistas, pero cuando a Uribe le quitaron la oportunidad de reelegirse se volvió santista. Y ahora, válgame Dios, desafía a Uribe y se anuncia como el piloto de guerra de la U para destrozar al Puro Centro Democrático. ¿Dónde queda la credibilidad de este Saltimbanqui, que predice que la lista “uribista” solo sacará 150.000 votos en el país? Es posible que Uribe no derrote a Santos a la presidencia, pero, lo va a poner a comer barro, y se le va quedar con el congreso, para que exista en nuestra democracia un peso y contra peso de verdad y se borre para siempre el karma del frente nacional, que bendice al emperador de turno en silencio, poniendo a operar el tapen, tapen, del que siempre habló el egregio senador Laureano Gómez.

 

Plutarco Rio Bermejo, un estudiante de derecho que tiene fama de bailar al son que le toquen y de seguir, sin ningún recato, los rayos del sol que más alumbre, con el objeto de acercarse a la nieta de doña Magola se había sumado disimuladamente al grupo de las tertuliadoras, que discurrían sobre la política nacional y sus fragosas representaciones oníricas. Aprovechando un silencio cavernoso que invadió el ventorro, Plutarco, adoptando una postura meliflua, entró de manera diplomática en la conversa, haciendo varios comentarios que reorientaron la dinámica de la plática.

-          Lo que ha pasado con el doctor Uribe y el tal partido de la U es un acto de deslealtad que no tiene precedentes en este país. Comenzando por que ese partido se fundó por orden del honorable doctor Uribe y es justo en su nombre que se llama la U. En cuanto a Santos, éste resultó ser un Judas, que ha puesto a su servicio a un partido mercenario que se entrega –con el perdón de la señorita –, como cualquier meretriz de corredor, por un plato de lentejas al que se lo pida. 

 

Al tiempo que se disculpaba, el pichón de abogado lazaba una mirada mitad idílica mitad lúbrica a la voluptuosa nieta de doña Magola. De su lado las dos matronas, que asentían meneando la cabeza, aquiescentes ante las palabras del futuro jurisconsulto Río Bermejo, revelaban al mismo tiempo un mohín amargo en su rostro. Para redondear su idea, el casi-abogado Rio Bermejo prosiguió su discurso después de escrutar, entre pudibundo e impúdico, las sensitivas formas de la nieta de doña Magola.

-          La deslealtad del Presidente Santos y la de la parranda de granujas y maulas que lo siguen para con el doctor Uribe no tiene nombre. Apenas ganó ese señor se ha empeñado en alejarse de la sombra de Uribe, olvidando que fue Uribe quien lo salvó de la derrota cuando llamó al pueblo muy sutilmente a santificarse para salvar el destino de la gallinita doña Rumbo. ¡Qué paradoja: el partido fundado por Uribe para su reelección desconoce su autoridad y declara, contra la voluntad de la base, a Juan Manuel Santos jefe natural!, argüía el estudiante Rio Bermejo con teatral tono escandalizado, mientras miraba de reojo el escotado corpiño, que cubría con dificultad el magnífico busto de la nieta de la vieja matrona conservadora.

 

Catalino Carbonero, un sindicalista que trabajó con el Estado y no alcanzó a pensionarse  porque fue despedido en uno de los tantos recortes de planta de personal, que han sobrevenido en la nómina estatal después de 1990, se metió en la conversación acaballado en los tropos del jurista Rio Bermejo.

-          Pero mira Rio Bermejo ¿qué se podía esperar de esa federación de caciques oportunistas y sin principios morales, que se ha refugiado en esa cueva de Alí Babá que es el partido de la U, después de haber dejado a los viejos partidos en el quirófano? Parece que tú no conocieras cómo funciona la política en este país oye. Aquí nadie hace política alrededor de ideas ni de programas. ¡Eso es pura paja Rio Bermejo! La vaina aquí se mueve es alrededor del ¿cómo voy yo ahí cuadro?, ¿qué parte de la marrana me vas a dar?, ¿en qué puesto vas a nombrar a mi hijo, a mi amante, a mi cuñada a mi novia?, ¿cuantos bultos de cemento hay para repartirle a la gente, cuantas tejas, cuantas volquetas de balasto vamos a echar en las calles del barrio Fundillo Prieto? ¡Así es como ha funcionado la maroma siempre! Y para tu información, por si no lo sabíais, así es como va a seguir funcionando por siempre mi dilecto doctor.

 

Incomodo por las anotaciones sarcásticas del sindicalista Carbonero, el grupo no hallaba como parar su intervención. Elevando el tono de la voz e impostándola aún más que de costumbre, el futuro abogado Río Bermejo lo cortó en seco, poniendo en escena los ademanes propios de la teatralidad típica de los funcionarios judiciales en los juzgados:

-          Discúlpeme sénior Carbonero, pero la conversación no es con usted y, en todo caso, déjeme decirle que con el doctor Uribe las cosas han sucedido al contrario de como usted las describe, porque él es el único presidente de Colombia que se ha hecho elegir por fuera de los partidos y en franca oposición a los valores de la política tradicional, porque el doctor Uribe se ha hecho elegir seduciendo al pueblo con sus tesis ideológicas y su inteligencia superior, que ha quedado demostrada en…

-          Jaaaaaaaa jaaaaaaa jaaaaaaaaa, doctor Río Bermejo, tiene usted un gran sentido del humor negro o es usted muy ingenuo y discúlpame que me siga metiendo en la conversación de ustedes, pero ese cuento de que Uribe ha seducido al pueblo con sus tesis ideológicas y su inteligencia superior, en contravía de los valores de clase política tradicional es una fábula para dormir infantes cuadro. ¿Te acuerdas quien le sonsacó los parlamentarios a Horacio Serpa en las elecciones de 2002? ¡No me digas que fue Andrés Pastrana en las elecciones de 1998, porque no te lo creo! ¿No te parece curioso que los parlamentarios liberales en esa ocasión se hayan hecho elegir en las elecciones de Marzo, cuando Serpa todavía registraba en las encuestas, bajo la bandera del Partido Liberal y a la sombra de su candidato y qué luego de elegidos, cuando Uribe comenzó a ascender a toda carrera en las encuestas, hayan cambiado sigilosamente de bando?

-          Señor carbonero su análisis es el análisis propio de las personas resentidas, que les cuesta aceptar que el doctor Álvaro Uribe es el mejor presidente que ha tenido Colombia en el último siglo, porque recuperó la confianza de los colombianos en el gobierno. Pero eso se lo está tirando Santos, porque ahora se entregó a los brazos del Partido Liberal, que lo ha declarado su jefe natural. Con razón alguien dijo que ese partido se está comportando como la amante del presidente y por andar revolcándose con la dirigencia de ese partido, el Judas de Santos le ha dado la espalda al partido de la U y se ha alejado y peleado con el presidente Uribe, que es uno de los líderes más prístinos que tiene este país.

 

El abogado Río Bermejo había pasado del tono y los ademanes de juzgado al tono y los gestos adoptados por los congresistas en sus debates en el parlamento. La nieta de doña Magola seducida por su facundia encendida y vaga, lo miraba con una ternura similar a la que ponían en escena las doncellas de las fotonovelas de la década de 1970, cuando se encontraban frente a frente con el galán soñado. Encantada por la retórica sofística del cuasi-abogado Río Bermejo, la nieta de doña Magola dijo en tono de piropo, tapándose una parte de la boca con el canto interno de la mano derecha, que tenía apoyada sobre la punta de los dedos de la mano izquierda:

-          Hay Plutarco, Dios mío, ¡pero si pareces todo un político! No te conocía esas cualidades. ¡Deberías lanzarte al concejo!

 

El negro Blanco Boca Negra me miro de reojo. Los dos nos reímos en silencio y con la mirada por los cándidos comentarios de la nieta de doña Magola con respecto al trepador Plutarco Río Bermejo. En todo caso su estrategia de acomodarse en el seno de la familia de doña Magola, parecía estarle dando resultados. Quién viera hoy a Plutarco y lo oyera hablando como habla no creería que él había iniciado su formación política, en la secundaria, en los talleres locales de la JUCO. Ese que hoy trataba de impresionar con su labia bien hilvanada a la nieta de Magola Godoy Colorado no era el mismo joven imberbe, que en los años iniciales de su vida universitaria agitó el cañaveral estudiantil de la capital de la república, gritando consignas incendiarias contra el presidente Uribe en las marchas de los estudiantes. Allá en la fría Bogotá, a donde fue a estudiar derecho en la Universidad Nacional, Plutarco Río Bermejo se hizo a un nombre como orador estudiantil y como líder juvenil comunista, pero de un momento a otro nuestro futuro abogado regresó a Montería, se instaló donde una tía en el barrio Sucre y se puso a estudiar derecho del otro lado del río en ese centro universitario, que él mismo llamó, en sus años de militante de secundaria, la fábrica de títulos del barrio Juan XXIII. De un momento a otro Plutarco comenzó a mudar de plumaje y de lenguaje y de los tropos revolucionarios pasó –sin hacer escala – a los tropos reaccionarios.

 

Para calmar los ánimos de los debatientes, Plinio Truco Barro, que siempre tiene comentarios picantes y que a todo le pone doble sentido, saltó sobre la oportunidad y le puso pimienta a la cosa:

-          ¡A propósito de amantes y presidentes, ese Santos ha resultado ser un follador del carajo mano! No tiene una sino varias amantes y a todas les da por parejo, con el perdón de la señorita. Esa mesa de unidad nacional ha resultado ser un aren donde Santos se deleita con una y con otra, mientras muchas hacen cola para que él les dedique algunos minutos, aunque sea detrás de la puerta de la presidencia, como sucede con la mal-afamada chica del PIN, dijo Plinio en un tono que oscilaba entre el tono de los locutores que animan las guerras de picoteros y el tono de los locutores que se arrancan las mechas todas las noches en el programa La Polémica de Caracol, donde se debate con ardor la vida cotidiana de los equipos que participan en el torneo de futbol nacional.

 

Luego de que las carcajadas amainaran y el rubor, que había invadido la cara de las señoras, disminuyera, Plinio volvió a la carga por otro flanco:

-          Con respecto a eso, me viene a la memoria el apunte de un periodista cachaco, que escribió cachondamente no sé dónde: “Se equivoca Roy Barreras en el diagnóstico del caso amatorio, que es una serie de infidelidades, sino en las categorías. Las huestes rojas no son la amante, son la esposa legítima. La amante ha sido la U. Santos es lo que llaman poliamoroso. Nunca dejó a su cónyuge pero se enmozó con La U. Le puso los cachos a los liberales y ahora se arregla con ellos, pero quiere seguir viendo a la querida U.”

-          Hay Plinio, dijo doña Tirsa, deje sus comentarios morbosos para cuando este con sus amigotes jugando dominó, que aquí está presente una distinguida señorita. ¡Mida sus palabras por favor! No lo haga por nosotras dos, que somos un par de viejas que hemos oído (vivido y protagonizado, dijo alguien en voz baja por allá en una esquina de la tienda) de todo en esta vida. Hágalo por la niña, si, enfatizó doña Tirsa haciendo un gesto severo con la mirada.

-          Hay que pena Tirsita, se disculpó Plinio, pero oyendo yo al doctor Río Bermejo se me olvidó que la niña estaba presente, me emocioné y por eso dije lo que dije, pero en todo caso y ya para concluir, uno no puede negar que la mas descarada de todas esas amantes es el partido de la U. Según le oí decir a un político del Partido Liberal en Caracol, sus colegas de la U son más promiscuos en materia de sexualidad política que los miembros del Partido Liberal: “ellos tienen dos maridos; Santos y Uribe, y no se han podido decidir por ninguno de los dos, a pesar de que esos dos maridos tienen grandes y graves diferencias”. ¿No cree usted que esa vaina puede terminar en balacera de maridos cornudos doctor Río Bermejo?

-          Mire Plinio, deje de lado su lenguaje de albañal si quiere intervenir en las conversaciones de la gente culta, lanzó en tono enfadado y duro el estudiante de derecho recién convertido a la derecha Plutarco Río Bermejo. Recuerde que esta no es una conversación de mecánicos bajo los efectos del alcohol y las hierbas alucinógenas. Estamos en presencia de gente humilde pero prestante.

 

Las dos matronas fueron de repente invadidas por un gesto de grandeza y de falsa modestia. Una de ellas –no tengo preciso cual- dijo en tono medio conciliador:

-        Hay mijo deje así. A Plinio ya no lo corrige ni la muerte. En todo caso ya nosotras sabemos de su vocabulario lenguaraz.

 

Aprovechando que el boleo de la tienda había mermado un poco el tendero intervino, introduciendo un nuevo punto en la conversa, que de alguna forma le daba continuidad a lo dicho por Plinio.

-         Saliéndome de la jerga de Plinio pero valiéndome en parte de lo que él dice, hay que decir que a partir de esta semana el partido de la U dejó de tener dos maridos, para consagrarse a uno solo: el presidente Santos. Según pude leer en El Espectador antes de anoche, el presidente de ese partido dijo que “La U rompió totalmente relaciones con el expresidente Álvaro Uribe Vélez”. Dice el artículo que un viejo cacique de ese partido, que primero fue cacique liberal, afirmó que allí al expresidente se "lo quiere y respeta muchísimo", pero “es claro que su accionar no es de alguien de La U”. Volviendo a las metáforas picantes, que Plinio trajo a colación, podríamos decir que esta mujer echó al marido más antiguo, porque este quería que le acariciara los “tres huevitos” como en el pasado. Esa solicitud parece que le resultó escandalosa a la dama, porque el que ahora paga el arriendo y mantiene a los niños es el segundo marido, con el que ha decidido quedarse, a pesar de que duerma cada noche en el lecho de una mujer diferente, jaaaaaa jaaaaa jaaaaaa

-          En todo caso –acotó Genaro Días, que había escuchado la conversación como quien no quiere la cosa– al expresidente Uribe le están aplicando los caciques indecentes, que lo ungieron como gran jefe pluma blanca en 2002, la misma cura de burro que él mandó a aplicar a Horacio Serpa. Bien lo dice el adagio popular: “con la vara que mides serás medido” y como dice mi suegra… “tenga pa que lleve mijo”, porque el que a hierro mata a hierro muere. Al final todo lo que uno hace en este mundo, en este mundo lo paga. Él le sonsacó la gente al partido liberal para hacerse elegir, pero como nuestra clase politiquera se vende siempre al mejor postor, se sienta en la mesa donde hay mermelada o se mete a la cocina donde huele a tocino frito, sus peones se han pasado –sin ningún pudor –al lado del tablero donde se alinean las fichas de Santos y lo han dejado con los crespos hechos porque, como ahora se dice, la política es dinámica y nuestros políticos son unos mercenarios, con un comportamiento similar al de los goleros: se paran solo en el caballete del matadero, porque allí siempre hay carne para comer. Uribe ya no tiene notarias para repartir, ni presupuesto público para regalar auxilios agrícolas a los terratenientes de este país, por eso se ha ido quedando solo.

 

Marcos Movilla, el loquito de la calle, que había escuchado la conversación y se reía cuando los participantes decían cosas chistosas, se inmiscuyó en ella aprovechando unos segundos de silencio metálico, que siguieron a la reflexión sin destinatario que venía de hacer el gordo Genaro.

-          O sea que, según lo que ustedes dicen, ¿a Uribe –como lo dice la canción de Farid Ortiz – le bailaron el indio y se le fueron las luces?

 

****

Imagen de indigena bailando tomada de gstatic

Todo el mundo guardó silencio y la reunión se fue disolviendo. Sigilosamente y sin despedirse de nadie, las matronas que habían comenzado la conversación se fueron. El estudiante Plutarco Río Bermejo trató de entablar un contacto visual con la nieta de doña Magola, pero ésta lo esquivó sin rodeos. El negro Blanco Bocanegra apuró el último trago de la cerveza que yo le había compartido. Jesús Salas, el tendero, se volvió a ocupar de sus asuntos. Plinio Varilla tomó sus bolsas de víveres y se marchó. El sindicalista Catalino Carbonero, cambió de puesto y se concentó en la solución de un crucigrama. El abogado Río Bermejo sacó su teléfono celular y llamó a un amigo para preguntarle si podía ir a pasar la tarde con él. La tienda se fue llenando de nuevos clientes y de lejos nos vino la voz del cantante de vallenatos Farid Ortiz tarareando unos versos chuscos, cuyas palabras dicen:

  Ay cuando yo la enamoraba decía que no

  que yo no era el hombre perfecto que ella soñaba

  mientras tanto un irresponsable vino y la enamoró

  y se dejó llevar por lo bonito que hablaba

  Como yo había perdido el año me resigné

  porque entendí que cosas mejores pa mí venían

  y no hace mucho me enteré que su gran amor la engañó y se fue

  y hoy como la novia de Barranca está arrepentía

  Te bailaron el indio, se te fueron las luces

  Te bailaron el indio, se te fueron las luces

  Te bailaron el indio a ti, me bailaron el indio a mi

1 comentario

lucia -

mHola Enoin estuve leyendo todos tus escritos y me encanta con el estilo y la pasion que lo hace,pero sabes ese le bailaron el idio me recuerda a una histiria que esta viviendo una amiga.