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La Barca de Enoïn

¡Qué vivan los estudiantes!

Dibujo de Lisa Simpson estudiante. De todos los miembros de la familia Simpson, Lisa es la que hace gala de una profunda sensibilidad social, que en caso de llegar a la universidad harían de ella una estudiante comprometida con muchas causas sociales y una activista política indiscutible. Imagen tomada de Google 

En los últimos dos años los estudiantes se han tomado las calles de las ciudades de muchos países del mundo. Festivos y coléricos los hemos visto marchar y hemos escuchado sus arengas iconoclasta de Santiago à Londres o de Colombia a Quebec, pasando por Cataluña, Italia y los Países-Bajos, oponiéndose a las alzas desmesuradas de los costos de matrículas, reclamando reformas a sistemas educativos desfasados, o denunciando las reformas incoherentes, que se han querido hacer a los modelos anacrónicos de educación superior, que están vigentes en muchos países del mundo.

 

Caricatura sobre la revuelta estudiantil de mayo de 1968 en Francia. Mayo de 1968 fue la protesta estudiantil más importante del siglo XX y quizás el primer gran levantamiento estudiantil de la historia de la humanidad.  Después de ese momento se habían conocido levantamientos estudiantiles aislados, pero nunca antes la juventud había salido a la calle de manera tan activa y consecutiva como ha venido sucediendo en los últimos tres años. Imagen tomada de planet.fr

 

De acuerdo a lo anotado por André Noël; cronista del diario La Presse de Montreal, las manifestaciones estudiantiles han alcanzado en lo que va corrido del presente decenio una connotación mundial, debido a que los estudiantes han salido a protestar en lugares situados en las antípodas del globo. Su grito se ha escuchado en las calles de las ciudades de los Estados Unidos, la República Checa, Taiwán, Filipinas, Corea del Sur, Ucrania e Irlanda. En todas partes, la razón del malestar estudiantil es la misma: el alza de los costos de las matrículas o la imposición de éstos. Según Noël, después de 1995 14 de los 25 países más ricos del mundo han realizado reformas al sistema de financiación universitario, que se han traducido en alzas vertiginosos de matrículas. Noël resalta que en los países de la OCDE el financiamiento público de las universidades pasó del 74% en 1995 al 67% en 2008. En cada país la principal vía a la que han recurrido las universidades para tapar dicho hueco ha sido el bolsillo de los estudiantes.

 

El despertar de los estudiantes ingleses

 

En el otoño de 2010, en Inglaterra, inconformes por el alza astronómica de las matrículas universitarias propuesta por el gobierno conservador de David Cameron y aprobado por la mayoría de los diputados del parlamento inglés, los estudiantes salieron a la calle por varias semanas consecutivas, ‘‘rompieron las ventanas de un edificio [del fisco] y le prendieron fuego al tradicional árbol de Navidad en el centro de la ciudad’’ (bbc). En una de sus protestas nocturnas se toparon la noche del 9 de diciembre, por azar, al príncipe Carlos y a su esposa Camila y atacaron su automóvil, aunque no le tocaron un solo pelo a la futura pareja real británica. El día siguiente al incidente, cuando iba en el metro, escuché dos peluqueros, que trabajan en un salón de belleza de mi barrio, lamentándose de que los estudiantes hubiesen destruido un carro tan lujoso y hubiesen dejado escapar indemne ‘‘a la bruja esa que le quitó el marido a la pobre Lady Di’’.

 

Estudiantes protestando la noche del 10 de noviembre de 2010 en Londres contra el aza de matrículas aprobada por el parlamento inglés. Imagen tomada de mai68

 

En todo caso, el hecho de que el príncipe Carlos y su Dulcinea hubiesen salido ilesos del incidente nos muestra dos cosas. De un lado, el respeto de los británicos por su familia real y del otro, la madurez del estudiantado inglés. En aras de preservar el fin último de su movimiento: impedir el alza astronómica de las matrículas universitarias, los estudiantes no cedieron, a pesar de su cólera, a la tentación de protagonizar un golpe de manos espectacular.

 

El cimbronazo propinado por el aumento desproporcionado aprobado por el parlamento inglés sacudió al estudiantado británico, que es reconocido por ser uno de los menos activista y militante del planeta. A pesar du su indiferencia tradicional, los estudiantes ingleses no se aguantaron el manotón y salieron a la calle, cuando el recién posesionado primer ministro David Cameron, a la cabeza de un gobierno de coalición (conservadora-liberal), decidió triplicar –de un solo palo- los costos de las matriculas, que pasaron, sin hacer escala, de 3290 libras anuales (5.275 dólares) a  9 000 libras (14,200 dólares). Según el periódico francés Le Monde el alza de los precios de los derechos a la escolarización universitaria, que proponía el gobierno Cameron, significaba un aumento del 900% de las matriculas después de que el sistema de pago por el servicio educativo universitario fue introducido en Inglaterra en 1998. En ese momento los estudiantes comenzaron pagando 1000 libras por una matrícula anual y los costos fueron aumentando gradualmente año tras año.

 

André Gagnon, analista del periódico electrónico Être en ligne, sostiene que el número de personas matriculadas en las universidades inglesas ha disminuido después del 2000 en un 15% anual, a pesar de la implantación de un sistema de préstamos y becas dirigido a los sectores más pobres. En 1998, a pesar de que la medida era impopular los estudiantes no se opusieron al pago de dichos costos, porque el gobierno laborista de Tony Blair vendió el proyecto de ley, que imponía dichos cobros, usando el discurso de la justicia social. De acuerdo con dicho discurso, los estudiantes estaban llamados a poner de su parte para financiar un sistema universitario, que –estaba por demás probado- que era una llave que les abría las puertas del éxito. La medida de Blair le asestó un nuevo golpe al modelo de Estado de bienestar inglés, construido sobre la teoría keynesiana, y puso a marchar definitivamente el modelo neoliberal en lo concerniente a la gestión de la educación superior; que ha terminado siendo un servicio social básico para la estabilidad y el desarrollo de la sociedad.

 

Según Henri Guidon, un comentarista del reportaje de Le Monde, el modelo inglés de financiación de la educación superior había sido históricamente uno de los más justos de Europa. Dentro de este modelo la persona comenzaba a pagar después de la obtención del título, cuando comenzaba a trabajar y por ende a enriquecerse, a través de un impuesto especial destinado exclusivamente a la financiación de las universidades, y no a la entrada, cuando era pobre y no se tenía aun la certeza de que pudiese concluir sus estudios. A través de esa receta el gobierno recogía una parte de los fondos para financiar el sistema. Con la implantación del modelo neoliberal y el desmonte del Estado-bienestar, la pirámide se invirtió y –como en las discotecas exclusivas- todo el mundo comenzó a pagar a la entrada.

 

Lo curioso en esta historia es que Margaret Thatcher, que desmontó el modelo keynesiano pieza por pieza, no se atrevió a imponer el pago de las matrículas universitarias. Sin embargo su política de autonomía financiera abrió el camino para que futuros gobiernos tuvieran que hacerlo, pues este modelo de gestión del sistema universitario condujo a la reducción progresiva de los recursos, que el Estado inglés transfería por cada estudiante a las universidades todos los años. La receta de Thatcher indujo, como nos lo muestra un estudio de Jean-Luc De Meulemeester y Claude Diebolt, a la debacle financiera de las universidades inglesas, que se fueron quedando sin recursos y con el paso del tiempo no les quedó otra salida que exigir el pago de matrículas a los estudiantes.

 

Estudiantes protestando la noche del 10 de noviembre de 2010 en Londres contra el aza de matrículas aprobada por el parlamento inglés. Imagen tomada de mai68

 

De ese modo los ingleses fueron pasando gradualmente de un sistema de educación pública superior gratuita o cuasi-gratuita a un modelo semiprivado, que por la vía de las matriculas ha ido dejando a un gran porcentaje de estudiantes fuera de los campus. La implementación de las políticas neoliberales, como lo sostiene Christian Rioux, del periódico quebequense Le Devoir, ha llevado a Inglaterra a marcar un contraste con el resto de Europa, donde la gratuidad o la cuasi-gratuidad es el común denominador. Lo paradójico es que la política neoliberal concebida, en teoría, para mejorar los indicadores de gestión universitaria y favorecer el acceso de las universidades a un mayor numero de fuentes de recurso monetarios ha contribuido a aumentar los problemas económicos de las universidades medianas y pequeñas, generalmente situadas en regiones periféricas, que han ido perdiendo su musculo financiero al entrar en competición con los centros académicos de renombre. Por causa de dicha política había en 2007 en Inglaterra 46 instituciones de enseñanza superior al borde de la bancarrota (elan).

 

Manifestaciones estudiantiles en Chile: una copa de vino agrio para la mesa de Sebastián Piñera

 

Caricatura de Camila Vallejo, la dirigente estudiantil universitaria que ha liderado las protestas de los estudiantes chilenos. Imagen tomada de YouTube

 

En Chile, el desencadenamiento de un movimiento estudiantil generalizado, que ha alcanzado un considerable apoyo popular, le ha aguado la fiesta de retorno al poder a la derecha. Los conservadores chilenos, que no habían ganado en las urnas el derecho a gobernar después de la entrega del poder por parte del dictador Augusto Pinochet, volvieron al Palacio de la Moneda en 2009 bajo la conducción del millonario Sebastián Piñera. Sin embargo la generalización de un descontento estudiantil, que había germinado en las postrimerías del gobierno de Michell Bachelet, ha destruido la imagen del presidente y reducido su capacidad de maniobrabilidad política. Según una encuesta llevada a cabo a comienzo de julio de 2011 por Imaginacción y la Universidad Técnica Federico Santa María, el 81,9% de la ciudadanía apoyaba en aquel momento el movimiento de los estudiantes. Un mes después, un despacho de la agencia Reuters, fechado en Santiago el 4 de agosto de 2011, señalaba que las protestas de los estudiantes habían hundido el apoyo a Piñera, cuya popularidad habían caído ‘‘al nivel más bajo para un mandatario desde el fin de la dictadura de Pinochet’’.

 

Como la crisis se había prolongado y no se avizoraba una solución para la misma, en noviembre la revista America Economia informaba en un reportaje, que la crisis de gobernabilidad propiciada por el movimiento estudiantil había llevado al presidente a manifestarle a los directores de las revistas más influyentes de ese país su temor de que “el epílogo de su gobierno’’ fuese ‘‘el mismo que tuvo’’ el gobierno de la Unidad Popular de Allende. En el mismo reportaje se daba cuenta de las voces provenientes de sectores situados a la derecha del gobierno y de militares retirados, que ocuparon cargos importantes en la era Pinochet, que  recomendaban al mandatario de ‘‘pedir ayuda a las Fuerzas Armadas’’, si las fuerzas policiales no eran suficientes para disolver la huelga estudiantil.


Caricatura del Colectivo la Momia Roja sobre la realidad social chilena destapada por el movimiento estudiantil. Imagen tomada de chilescda

 

La protesta de los estudiantes, que aún hoy continua con un apoyo del 90% de la población, se ha convertido, como lo resaltó un informe de Radio Canada del 23 de mayo de 2012, en el detonador de un estado de malestar social, que ha puesto en evidencia la incomodidad de un amplio sector de la sociedad chilena frente al modelo de gestión de los servicios sociales heredado de la era Pinochet. Ese malestar social ha ganado incluso las filas del gobierno, pues el ministro de economía, Pablo Longueira, manifestó sin tapujo a los medios, en octubre de 2011: “Quiero ser honesto, si yo tuviera esa realidad (no poder pagar la educación de los hijos) yo marcho, y esto es lo que debemos cambiar en Chile. Esto debimos cambiarlo hace mucho tiempo”.

 

Sin embargo el conflicto sigue sin resolverse. El 7 de mayo de 2012 un despacho de la agencia EFE informó que la popularidad de Piñera había alcanzado su cota más baja desde que el presidente había asumido su mandato: 26% de aceptación contra  66% de desaprobación. La impopularidad del presidente era atribuida por los analistas a ‘‘un aumento de los precios de los alimentos y la gasolina, a un proyecto de reforma tributaria que el mandatario envió al Congreso y que fue calificado de “insuficiente” por la oposición, y al reinicio de las protestas estudiantiles en demanda de educación gratuita y de calidad’’.

 

De acuerdo a un documento albergado en el blog de la pedagoga, lingüista y periodista educativa ecuatoriana Rosa María Torres del Castillo, que ha seguido el curso de este conflicto social a través de los medios latinoamericanos tradicionales y alternativos, se podría considerar que la actual movilización estudiantil universitaria chilena es la continuidad de La Revolución de los Pingüinos  de 2006. Con el apelativo Revolución de los pingüinos se denominó a la masiva protesta de los estudiantes de secundaria, que sorprendió a los chilenos, porque los actores principales de la movilización no eran los estudiantes universitarios, que tienen una larga tradición en estas lides, sino adolecentes imberbes, que aun debían de pedir permiso a sus padres el fin de semana para ir a cine. Los estudiantes, que adelantaron su huelga bajo el lema ‘‘¡gratuidad sin lucro!: ¡no al terremoto neoliberal!’’, reclamaban, entre otras cosas, la implementación de un ‘‘sistema educativo nacional articulado desde la educación parvularia a la educación técnica y universitaria’’, que hiciera ‘‘énfasis en la articulación y fortalecimiento de la educación técnica’’; un ‘‘sistema educativo gratuito financiado por el Estado’’; un ‘‘sistema educativo de excelencia integral e igualitaria’’ y un ‘‘sistema educativo descentralizado, participativo y con control comunitario’’ (opech).

 

Caricatura del Colectivo la Momia Roja sobre la realidad social chilena destapada por el movimiento estudiantil. Imagen tomada de chilescda

 

El movimiento de estudiantes de secundaria se convirtió en un fenómeno social contagioso, porque su discurso introdujo una postura novedosa en el debate sobre la problemática escolar chilena. Evocando el derecho à la participación ciudadana, los estudiantes decidieron de reclamar el derecho de la ‘‘participación estudiantil’’ en ‘‘los procesos de reforma educativa [- tradicionalmente verticales y conducidos por la tecnocracia estatal]  como una dimensión más del derecho a una educación de calidad’’. Como lo señala la nota destacada por Torres del Castillo, la insubordinación de los adolescentes vino a sembrar la duda sobre la eficacia del "modelo educativo chileno’’, que había sido presentado por parte de los ‘‘los organismos financieros internacionales’’, como un sistema efectivo en el manejo de la educación secundaria en los países en vía de desarrollo. La huelga de 2006 puso al descubierto los defectos de dicho modelo por uno de los actores sociales que integran el sistema y por el menos esperado de todos: los estudiantes de secundaria. Éstos pasaron de la noche a la mañana de simples beneficiarios de la educación a protagonistas principales del debate sobre las falencias del sistema, coreando una consigna simple: "si la educación es un mercado, los clientes tienen la palabra" (estudianteschile). 

 

La salida de la izquierda del poder y el retorno de la derecha, en vez de morigerar la inconformidad estudiantil, lo que hizo fue caldearla. La falta de tacto del presidente Piñera para manejar la creciente cólera juvenil quedó patentizada en el nombramiento de Joaquín Lavín en el cargo de ministro de educación. Lavín, un hombre situado a la derecha de Piñera y simpatizante –declarado- de Pinochet, no escondió su disposición a defender la vigencia del statu quo en el sector educativo. Esto se tradujo en una cota de impopularidad del 80,7% para él, que lo obligó a renunciar en julio de 2011. La impopularidad alcanzada por Lavín y su salida forzada del ministerio de educación decretaron la entrada en uso de buen retiro, de uno de los principales alfiles presidenciables de la derecha chilena.

 

En la hora presente, según los registros de los medios  no se avizora una salida a este conflicto estudiantil. Esto, a pesar de que al momento de posesionarse en el cargo el 30 de diciembre de 2011 el tercer ministro de educación del gobierno Piñera, Harald Beyer, dijo creer que era ‘‘posible alcanzar acuerdos’’ con los estudiantes, a pesar de sus divergencias sobre la percepción de la ‘‘calidad y equidad’’ en educación (semana). El comienzo del año escolar 2012 ha estado marcado por las manifestaciones estudiantiles. El enfrentamiento entre estudiantes y policías es una escena que comienza a ser de nuevo frecuente en las calles de las ciudades chilenas. La movilización parece ser el mecanismo más eficiente, que han encontrado los estudiantes para hacerse oír en un país, que según el Observatorio chileno de Políticas Educativas (OPECH), ‘‘ha sido durante años un verdadero laboratorio de políticas neoliberales’’, en los ámbitos de la salud, la vivienda y el empleo.

Según la periodista Claire Martin de Radio Canadá, Chile es uno de los países que posee uno de los sistemas de educación con mayor predominancia del sector privado a nivel mundial. Un reportaje de la revista La Onda Digital pone de presente que en ese país "el costo de un estudiante universitario supera el 40% del ingreso familiar’’. De acuerdo con el investigador Patricio Meller ‘‘Chile es uno de los países con el costo en educación superior más caro del mundo’’, pues los estudios universitarios allí, como se puede ver en el cuadro que sigue, son casi igual de caros que en Estados Unidos y más caros que Australia.

Costos anuales en dólares americanos de las matrículas universitarias en los países de la OCDE en 2011

1

Estados Unidos

6 312

2

Chile

6000

3

Corea del Sur

5 315

4

Reino-Unido

4 840

5

Japón

4 602

6

Australia

4 140

7

Nueva Zelanda

3 019

8

Países Bajos

1 851

9

Italia

1 281

10

Portugal

1 233

11

España

1 038

12

Suiza

879

13

Austria

853

14

Francia

190

15

Dinamarca

Gratuita

16

Escocia

Gratuita

17

Finlandia

Gratuita

18

Islandia

Gratuita

19

México

Gratuita

20

Noruega

Gratuita

21

Republica Checa

Gratuita

22

Suecia

Gratuita

Fuente:  OCDE

 

Meller considera que en Chile, a diferencia de otros países, gran parte del gasto en educación superior recae sobre las familias, pues ‘‘por cada peso que aporta el Estado, la familia aporta cinco pesos en educación superior", mientras que en Estados Unidos por cada dólar que aporta el Estado las familia aportan dos y en Australia la relación es de uno a uno.


Caricatura del Colectivo la Momia Roja sobre la realidad social chilena destapada por el movimiento estudiantil. Imagen tomada de chilescda

 

El manejo de la crisis generada por ese largo conflicto estudiantil ya le está granjeando a Piñera críticas mordaces de influyentes medios dentro y fuera de su país. Frente a un análisis de la revista The Economist, que lo tildó de ser un "político inepto", según lo informado por Cambio 21, el presidente chileno se defendió diciendo ‘‘que prefiere un país con manifestaciones en vez de uno que tenga la paz de un cementerio". Si damos crédito a lo que sale de la boca de Piñera, un gran cambio de mentalidad se ha producido en el seno de un sector de la derecha chilena. Al menos una figura visible de ella manifiesta una postura diferente en materia de manejo de la inconformidad social. Revisando la manera como han pasado las cosas, podría decirse que la crisis social desatada por las protestas estudiantiles ha obligado al presidente Sebastián Piñera a beberse una copa de vino agrio.

 

 

En Colombia los estudiantes perdieron el miedo y salieron a las calles

 

Las protestas estudiantiles en Colombia en el 2011. Imagen tomada de terra

 

En el 2011 el gobierno colombiano presentó ante el congreso una propuesta de reforma a la ley 30 de 1993. Con esta reforma se buscaba preparar a la universidad colombiana para que ‘‘responda a las nuevas dinámicas sociales, económicas, tecnológicas, demográficas y culturales que vive el país’’. En ese punto, como lo reportó la revista Semana, gobierno y universitarios estaban de acuerdo. Pero hubo dos puntos que se convirtieron rápidamente en manzana de discordia: ‘‘ la creación de universidades con ánimo de lucro’’ y la apertura de una puerta, que buscaba permitirle a las empresas privadas de entrar a ‘‘invertir en las instituciones de educación superior públicas’’. Con dichas medidas el gobierno del presidente Santos buscaba replicar en Colombia los aspectos más polémicos del modelo de educación superior chileno implementado durante la era Pinochet (uestatales).

 

La discordia entre gobierno y universitarios se tradujo en una movilización estudiantil sin precedentes en la historia reciente de Colombia, que condujo al archivo de la reforma. En nuestra opinión creemos que mucho más importante que analizar las manifestaciones estudiantiles, que agitaron las calles de las ciudades colombianas en los meses finales del año 2011, resulta de mayor importancia describir el contexto sociopolítico dentro del cual se llevaron a cabo esas manifestaciones. Esto con el objeto de darle pistas al lector, que le permitan de comprender porque hemos dicho que los estudiantes perdieron finalmente el miedo y salieron a las calles.

 

Colombia es, desde la perspectiva sociopolítica, uno de los países con uno de los recorridos históricos más difíciles de analizar en América Latina. Éste país, que es en teoría una de las democracias más estables y saludables del continente, ostenta también uno de los récords más impotables en materia de derechos humanos en la historia contemporánea del continente. El asunto ha sido examinado por un número considerable de científicos sociales nacionales y extranjeros, que no se explican como un país en apariencia democrático posea un dossier tan tremebundo en éste campo.

 

La peculiaridad colombiana en el campo sociopolítico ha sido bien descrita por Gerald Martin en la biografía que escribió sobre Gabriel García Márquez. Según este autor, en este país, en sus casi 200 años de historias, los dirigentes de los dos partidos tradicionales han apelado con bastante frecuencia al recurso de las armas, dejando de lado el recurso de las urnas, para dirimir sus diferencias sobre el tipo de instituciones, que deben implementarse para gobernar la sociedad. Lo paradójico del caso radica en que, a pesar de su belicosidad atávica, las élites de dichos partidos se entendieron bastante bien –antes de la expedición de la constitución de 1991-, para que el pueblo no fuese representado jamás  por ninguno de los políticos de ambos partidos. Un ejemplo, que patentiza de manera elocuente los arreglos entre dirigentes políticos para favorecerse a ellos mismos sin preocuparse por la suerte de la sociedad, lo constituye la reciente reforma a la justicia, en la cual el congreso diseñó un andamiaje jurídico, que permite a los parlamentarios de ampararse en su fuero para no ser perseguidos judicialmente por sus desafueros (elespectador).  

 

El caricaturista Matador denuncia el arreglo entre políticos y los tres poderes estatales para poner a los altos dignatarios del estado a salvo de la justicia mediante una reforma del sistema justicia hecha a la medida. Imagen tomada de facebook

 

En efecto, como bien lo resalta Charles Bergquist en su crítica al libro La nación soñada de Eduardo Posada Carbó, después de la independencia el entusiasmo de amplios sectores populares con las ideas liberales y democráticas hizo ‘‘que muchos dirigentes políticos liberales [se asustaran] con el potencial radical de sus aliados populares y esto los llevó eventualmente a una alianza con los conservadores para limitar el poder popular, un objetivo que se codificó en la muy restrictiva Constitución de 1886’’[i]. Esta alianza es según Bergquist y Martin una de las razones principales que explican por qué este país ha sido –entre todas las naciones de América latina- la que conoció el menor número de golpes de Estado y de dictaduras a lo largo del siglo XX. Sin embargo Martin considera que el pueblo colombiano ha pagado bastante caro esta aparente estabilidad institucional, pues a lo largo de varios decenios la población colombiana ha sido víctima y testigo de un largo etcétera de sangrientas vendettas de toda índole, que parecen nunca acabar[ii].

 

Los contrastes que atraviesan a la sociedad colombiana son resaltados, desde otra perspectiva, por Dominique AuziasJean-Paul Labourdette[iii]. En la presentación de la guía turística intitulada Colombie, oscilando entre el lenguaje florido del lirismo poético y el lenguaje directo del cronista científico, estos vendedores de paraísos fantásticos nos presentan de entrada una imagen descarnada de este país cuando dicen: ‘‘Colombia es el país más controvertido y el más mal conocido de la América del sur, con una geografía y una historia a la imagen de los colores de su bandera: dorado como su espectacular orfebrería precolombina, azulada por encontrarse anclado entre dos océanos; el Atlántico y el Pacifico, y roja como sus atardeceres y la sangre derramada por los indios, los negros, los partidarios de la democracia, los guerrilleros y los narcotraficantes’’, que han nacido, se han reproducido y muerto sobre su suelo.

 

Otro investigador social extranjero que se detiene sobre el mismo aspecto, para resaltar los mismos matices es Delphine Minotti-vu Ngoc[iv]. En su tesis doctoral Minotti-vu Ngoc resalta que ‘‘ya se ha convertido en un lugar común decir que Colombia es un país de contrastes: «pues éste es el país de los extremos y de la esquizofrenia, pero nunca de los puntos medios»’’. Según ella, en este país ‘‘se condensa lo mejor y lo peor. De un lado Colombia es la patria de los más celebres carteles de las drogas y del otro, es el país de origen de Gabriel García Márquez, un premio nobel de literatura’’. Los contrastes en Colombia son tales, ‘‘que si bien un sondeo mediático muestra que el 86% de sus habitantes se consideran felices, el país presenta una de las tasas de homicidios más altas del mundo. Esta es una gran paradoja, sobre todo si se tiene en cuenta que el país no está oficialmente en guerra’’.

 

Además de la clásica conflictividad que ha registrado el país en el campo sociopolítico, Colombia ha conocido también una histórica conflictividad en el campo socioeconómico, que ha marcado profunda –y sangrientamente- la historia del movimiento social colombiano. Para evitar el estallido social, la clase política no ha dudado nunca en recurrir a la represión policial de la protesta social. En este punto, como lo señalan los historiadores Camilo Sánchez Meertens y María Lucía Guerrero Farías, ‘‘no debe olvidarse que el país vivió alrededor de medio siglo bajo el estado de sitio’’, recurso jurídico que tiene en toda democracia un ‘‘carácter excepcional y, por tanto, de corta duración’’. Sánchez Meertens y Guerrero Farías resaltan que, en materia de manejo de los conflictos laborales y sociales, desde la década de 1920, el estado colombiano ha mostrado un comportamiento, que muchos historiadores han coincidido en calificar como represivo[v].

 

El recurso a la represión policial, una tradición bastante acentuada en el tratamiento al descontento social en Colombia.  Imagen tomada de terra.com

 

El talante represivo de un amplio sector de la dirigencia política colombiana en el manejo del descontento social salió a relucir durante la huelga estudiantil de 2011, en toda su plenitud, a través del exvicepresidente de la república Francisco Santos. Santos, que es director de noticias de una de las cadenas de radio más importante del país, que también es una cadena de televisión, recomendó en un editorial televisado al gobierno –de su primo- de innovar en la represión de las manifestaciones estudiantiles a través del uso de pistolas eléctricas. Según él, estas ‘‘armas no letales’’ permiten disolver de manera efectiva las manifestaciones que amenazan ‘‘la paz social’’ de un país, sin dejar’’ victimas, además de facilitar el arresto masivo de manifestantes (youtube).

 

La represión del movimiento social en Colombia es un asunto bastante complejo. En su análisis no hay que proceder a la ligera. Si bien es cierto que no se podría señalar explícitamente a los agentes estatales de reprimir abiertamente la protesta social, también es cierto que el Estado y sus agentes han actuado con laxismo a la hora de combatir a una serie de actores de carácter particular, que se han encargado desde principio de la década de 1980, particularmente después del gobierno de Julio César Turbay, de reprimir de manera informal a los movimientos sociales, que han osado contestar las disposiciones gubernamentales en una diversidad de aspectos de la vida pública.

 

La represión particular del descontento social, que se ha producido con el beneplácito de sectores estatales, ha provocado una violencia cíclica –por no decir endémica- y selectiva contra la población civil. Sobre el tema resulta revelador un aparte del reporte del año 1998 de la Oficina del alto comisionado de las Naciones Unidas para los derechos humanos en Colombia. Según este organismo, en este país ‘‘la población civil es la principal víctima de la violencia ejercida por todos los actores, que participan del conflicto armado que aquí se vive’’, pues los civiles se encuentran desprotegidos frente ‘‘a las acciones de todos los actores armados que hacen presencia sobre el territorio nacional’’[vi].

 

Paralelo a la represión –informal- de la movilización social, en Colombia ha existido por largos años un tipo de violencia soterrada, que ha terminado por ser aceptada como algo normal –y hasta socialmente útil. Esa violencia de tipo selectivo es conocida bajo el nombre de limpieza social. A ese tipo de violencia se atribuye una gran parte del alto número de homicidios que registra el país anualmente, pues como lo destaca Minotti-vu Ngoc, Colombia ha tenido por largos años una tasa de asesinatos que ronda los 30.000 casos por año. De estas muertes, así lo documenta un estudio de los psiquiatras César Augusto Arango-Dávila, Juan Carlos Rojas Fernández y Mauricio Moreno, sólo el 21% se debe a causas de origen políticas. Desde los años ochenta las muertes violentas han ocupado el primer lugar, en lo que compete a causas de mortalidad en el país, lo cual explica porque Colombia es el país con la tasa de homicidios más alta del mundo (scielo).

 

En lo concerniente a la limpieza social, en nuestra opinión ésta registra tres tipos de modalidades: la limpieza social destinada a la eliminación de personas consideradas inasimilables o de difícil integración a la sociedad normal, como los drogadictos, las prostitutas que trabajan en la calle, los mendigos, los indigentes, los enfermos mentales y los delincuentes de baja categoría, que no se han conectado a las numerosas estructuras de crimen organizado que operan en el país; la limpieza social destinada a destruir la oposición al statu quo, que ha convertido en su blanco principal a los dirigentes comunitarios, sindicales, y estudiantiles, así como a los periodistas e intelectuales independientes, y finalmente la limpieza social destinada a eliminar personas, que simbolizan la diferencia, como los homosexuales.

Caricatura denunciando la limpieza social contra los jóvenes en Bogota, Colombia, en 2009. Imagen tomada del blog emancipacionyarte

 

Este tipo de violencia ha destruido el tejido social y provocado la apatía de la gente en lo que compete a la defensa de aquellos derechos, que tienen una connotación social. La defensa de estos derechos sólo es posible a través de la organización de los diferentes actores que constituyen la sociedad civil. Como lo resalta Minotti-vu Ngoc, en Colombia no es socialmente saludable para la gente del común de comprometerse con causas relacionadas con la paz, la defensa de los derechos humanos o sus intereses personales, si estos están relacionados con los derechos laborales o la posesión de la tierra. Esto puede traerle a un ciudadano problemas de seguridad serios, que van desde la simple amenaza de muerte al asesinato.

 

El documentado análisis de la realidad social colombiana realizado por Minotti-vu Ngoc nos muestra que en Colombia el recurso a la violencia por parte de los actores, que detentan el poder –o cierto poder en el seno de la sociedad- no ha sido un recurso puntual, sino un evento permanente, que se ha facilitado –valdría la pena agregar- por la incapacidad de un Estado precario y débil para hacer justicia de manera rápida y ejemplar. ‘‘Esto hace que en Colombia, la impunidad en el caso de la «limpieza social», como en la mayoría de los delitos contra la vida, sea casi total. En este campo las investigaciones judiciales y los juzgamientos son, salvo contadas excepciones, inexistentes. Por eso resulta difícil de determinar con exactitud quienes son los responsables de este tipo de crímenes y cuáles son los motivos que los llevan a perpetrarlos’’. En el fondo, en Colombia –como lo canta una vieja ranchera- ‘‘la vida no vale nada’’, porque allí como lo sostiene un adagio canalla, que abunda en la boca de los sicarios: ‘‘un tiro no se le niega a nadie, sobre todo si el paciente ha hecho méritos para ganárselo’’.

 

Dentro de la tradición de represión informal –o privada; digámoslo de ese modo- de la inconformidad social, los estudiantes no han estado exentos de sufrir los coletazos de la ira ciega de esos actores particulares, que se han otorgado por su propia cuenta la defensa del statu quo. Aunque la violencia contra el estudiantado es un asunto poco estudiado desde la perspectiva académica y la documentación de archivo disponible al público no es muy abundante, los pocos documentos a los que tuvimos acceso ponen en evidencia un hecho: la dinámica de los movimientos estudiantiles, como nos lo muestran los historiadores Álvaro Acevedo Tarazona y Francisco Javier Gómez, ha estado regida por los valores que dominan la cultura política colombiana. Dichos movimientos y sus revueltas han puesto en escena las tensiones existentes entre gobierno, directivas universitarias, profesores y estudiantes, en el seno de una vida universitaria caracterizada por una escasa cultura de la ciencia y la tecnología y con poco interés por fomentar el sentido de la crítica y el cuestionamiento frente a la precariedad social, en que viven el mayor porcentaje de los colombianos (redalyc).

 

Dentro de la dinámica sociopolítica generada por el frente nacional y en el marco de eso que Daniel Pécaut ha llamado una «democracia restringida», el movimiento estudiantil colombiano –acogiendo los valores de la cultura política global de la época, dominada por los caprichos de la guerra fría- se manifestó más que todo a través de prácticas contestatarias y comportamientos poco democráticos. Sin embargo, como lo manifiesta Acevedo Tarazona y Giménez, en este campo no se puede generalizar, porque la dinámica del movimiento estudiantil era diferente de una región a otra y de una universidad a otra, debido a una variedad de factores sociales, políticos y económicos, que han matizado siempre la situación. El desmonté del frente nacional, la caída del Muro de Berlín y el optimismo generado por la adopción de la constitución de 1991, que vio la luz a partir de una iniciativa de los estudiantes, reorientó el comportamiento del movimiento estudiantil durante la década de 1990.

 

Sin embargo, entre la segunda parte de esta década y el final de la primera década del siglo XX se llevó a cabo una sangrienta represión del movimiento estudiantil, por parte de los grupos paramilitares, que dejó a lo largo y ancho del país –particularmente en las universidades públicas- un número indeterminado de líderes estudiantiles muertos o exiliados.  Por solo citar un ejemplo: el caso de la Universidad de Córdoba, en el noroeste del país, donde fueron asesinados en el año 2000 alrededor de 10 estudiantes. En ese centro universitario, la matanza de profesores y estudiantes llevó a los dirigentes más representativos del movimiento estudiantil de ese momento a partir al exilio.

 

De acuerdo con los reportes de la prensa de la época y con una crónica de El observatorio de la universidad colombiana, los paramilitares asumieron el control de esta universidad, influyeron en la designación de dos de sus rectores, acallaron al estudiantado y trataron de organizar un movimiento estudiantil acorde con sus valores. En una de sus versiones libres ante los fiscales de la nación, el jefe paramilitar Salvatore Mancuso confesó que para llevar a cabo los asesinatos selectivos realizados contra profesores, líderes sindicales y estudiantes de la Universidad de Córdoba entre 1990 y 2000, contó con el apoyo de efectivos de la policía (verdadabierta).

 

El jefe paramilitar Salvatore Mancuso, en los tiempos en que hacía su ley en el norte de Colombia. Imagen tomada de semana

 

A pesar de la desmovilización paramilitar realizada a mediados de la década pasada, la presión de estos grupos sobre la comunidad universitaria a finales de dicha década no había cesado. Así lo resalta el comentario de la Comisión Intereclesial Justicia y Paz a  un comunicado de los estudiantes de la Universidad industrial de Santander (UIS), fechado el 16 de junio de 2009. Según este organismo en Colombia las universidades seguían en la mira paramilitar, pues en ese momento continuaban ‘‘las amenazas contra estudiantes y profesores de la Universidad Pública y de estudiantes de algunas privadas’’, lo cual ponía en evidencia una cruzada evidente contra ‘‘el pensamiento crítico’’, que continuaba ‘‘siendo objeto de persecución paramilitar y de montajes judiciales’’.

 

Teniendo en cuenta el contexto en el que se desarrolló; un contexto dominado por la zozobra, las amenazas y los asesinatos frecuentes de dirigentes estudiantiles, la huelga estudiantil de finales de 2011 en Colombia, más que un acto de  contestación de la política del gobierno del presidente Santos en materia de educación superior, es también un levantamiento contra la cultura de la intimidación y el miedo, que se empoderó en el medio universitario después de la mitad de la década de 1990.

 

Pero para recordarnos que Colombia es un país de contrastes, en el que opera un acomodamiento perfecto entre el discurso de la democracia liberal, que reconoce sobre el papel a los ciudadanos el derecho a la protesta y a la movilización para defender sus intereses, y la represión soterrada pero efectiva –por parte de agentes privados- de las personas, que osan materializar en la práctica lo que dispone la ley, las Águilas  negras han hecho circular una carta el 14 de mayo de 2012, en la que declaran objetivo militar a los directivos de 12 organizaciones sociales, entre ellos a los coordinadores de la Mesa Amplia Nacional Estudiantil (MANE). En la carta advierten a los amenazados que ‘‘les quedan pocos días para abandonar’’ Bogotá (hispavista).

 

Según dicho grupo, que asume la defensa del ‘‘estado legalmente constituido’’ y del derecho de los militares a tener fuero militar, los dirigentes estudiantiles y las otras organizaciones sociales amenazadas, ‘‘abusando de la enorme voluntad de nuestro presidente Santos’’, han venido "sublevando las comunidades para que reclamen sus supuestos derechos’’ (radiocafestereo).

 

En Quebec 18 semanas de huelga estudiantil sin solución a la vista

 

El cuadro de tela rojo y las cacerolas, símbolos de la inconformidad estudiantil y social quebequense de 2012. Imagen tomada de la línea del tiempo de facebook  de Francisco Angulo 

 

En Quebec los estudiantes colegiales (siclo de estudios preuniversitarios, de carácter más que todo técnico) y los estudiantes universitarios de los centros educativos francófonos salieron a huelga el 13 de febrero, para contestar en la calle el alza astronómica en las matrículas, que decretó el gobierno provincial que dirige el liberal Jean Charest. El conflicto estalló y se ha mantenido porque el gobierno programó un alza en los costos de matrículas del 75%, dividido en cinco años a partir del otoño de 2012. Esta huelga tiene un carácter provincial, porque en Canadá, según el artículo 93 de la ley constitucional de 1867, la educación es competencia de cada provincia. De acuerdo con esa norma cada gobierno provincial tiene la potestad de diseñar, en todos los ámbitos, un modelo educativo propio.

 

En Quebec antes de la Revolución tranquila, que se produjo en los años 60, el servicio educativo estaba controlado por la Iglesia Católica. Hasta ese momento no más del 4% de la población accedía a los claustros universitarios y este servicio estaba reservado principalmente para los miembros de las elites. A partir de la década de 1960, luego de la adopción de la serie de reformas sociales, económicas y políticas de la Revolución Tranquila, la educación paso a ser controlada y administrada por el gobierno, que se convirtió en el responsable de la financiación del sistema universitario. De otra parte, con la adopción de un modelo económico bastante parecido al modelo danés o sueco, el gobierno se convirtió en el principal sostén financiero, por la vía de los préstamos y las becas, de los estudiantes de escasos recursos económicos.

 

Desde su llegada al poder, en el 2003, el liberal Jean Charest ha tenido entre sus propósitos modificar el aparato de protección social quebequense y trasladar una gran parte de los costos del sistema universitario a los estudiantes. Aunque lo había intentado en su primer gobierno la movilización estudiantil y popular se lo impidió. En su segundo gobierno, por ser un gobierno minoritario, Charest no insistió en el tema. Hoy, en las postrimerías de su tercer gobierno, medrado por los escándalos de corrupción que lo rodean y que afectan la imagen de su partido, Charest decidió jugarse la carta del alza de las matriculas en la formulación del presupuesto de 2012, para contrarrestar el ascenso en las encuestas de un candidato a primer ministro, que corre a su derecha y para complacer a sectores de su propio partido, que no han cesado en reclamarle que acelere los cortes en el aparato social del Estado y profundice en la aplicación de las medidas neoliberales. El argumento del gobierno Charest para incrementar el costo de las matriculas se sustenta en la idea según la cual Quebec tiene los costos más bajos en toda América del Norte en materia de estudios universitarios. Según el primer ministro ha llegado el momento de que los estudiantes entren a poner de su parte para nivelar los costos con el resto de la región y ayudar a pagar de ese modo la deuda pública del Estado quebequense.

 

Costos –en dólares canadienses- de los estudios universitarios en las diferentes provincias de Canadá en 2012

Ontario

6 640

Nuevo Brunswick

5 853

Nueva Escocia

5 731

Alberta

5 662

 Saskatchewan

5 601

Isla del Príncipe Eduardo

5 258

Colombia Británica

4 852

Manitoba

3 645

Terranova y Labrador

2 649

Quebec

2 519

Promedio Canadá

3 774

 

Ante la determinación del gobierno de imponer el alza, los estudiantes respondieron con una amenaza de huelga. Como el primer ministro cuenta con las mayorías en el parlamento, lo cual le permite aprobar todas sus propuestas sin contratiempo, decidió ignorar el descontento estudiantil y el llamado del principal partido de oposición, que no ha cesado de recriminarlo por su negativa a negociar con los estudiantes y suavizar la medida. En vista de que el gobierno se hacia el de la oreja sorda ante el descontento estudiantil y de la oposición, los estudiantes se fueron a huelga, pensando que el conflicto seria de corta duración. El símbolo de la protesta estudiantil ha sido un pedazo de tela rojo, de tres centímetro cuadrados, que los estudiantes partidarios de la huelga enarbolan todo el tiempo. El cuadro de tala rojo también es portado en la solapa por los parlamentarios de los dos partidos de oposición, que se sitúan a la izquierda del partido del primer ministro. 

 

Pauline Marois, jefe de la oposición quebequense y varios de los diputados de su partido portando el cuadro de tela rojo en un debate en el parlamento. Imagen tomada de radio-canada

 

Aunque hay sectores de la población y cronistas de prensa, que han manifestado abiertamente su desacuerdo con el paro estudiantil, otros sectores como los artistas audiovisuales, los humoristas y varios cantantes reconocidos han tomado partido del lado de los estudiantes. En la gala anual, en la que se premia lo mejor del cine quebequense, la mayoría de los participantes decoró la mejor pinta de su garde-robe con el cuadrito rojo. Esa noche varias glorias del cine provincial no se anduvieron por las ramas para abogar por la derogación del alza y reclamar la congelación del precio de las matrículas colegiales y universitarias. A finales del mes de mayo un grupo de humoristas, coordinados por la hermana del organizador del mayor festival de humor de Quebec, que no es partidario de la huelga, anunció la organización de un show para recoger fondos para apoyar la causa estudiantil.

 

Para presionar al gobierno, los estudiantes se han tomado las calles. El 22 de marzo, ellos y sus partidarios participaron de una marcha, que periodistas y policías han coincidido en considerar como una de las mayores movilizaciones que ha conocido Montreal, después de las marchas contra la guerra en Irak en el invierno de 2003. Según los medios de información, entre el trece de febrero y el 23 de junio más de 65 marchas nocturnas se habían llevado a cabo en Montreal. Las marchas estudiantiles nocturnas por las calles aledañas al barrio de los espectáculos y la zona de diversión fueron uno de los eventos que animaron o –torpedearon- (todo depende del lado donde uno se encuentre parado) la vida nocturna de la metrópolis quebequense en la primavera de 2012. En una de esas marchas nocturnas más de 2000 participantes, de todos los géneros, desfilaron por una de las principales avenidas de Montreal en paños menores y con el torso desnudo, exponiendo sus atributos y miserias corporales ante la mirada de los transeúntes desprevenidos, de los entusiastas clientes de los bares y de los policías impávidos, que los custodiaban.

 

Marcha de personas semi-desnudas en Montreal para protestar contra el alza del costo de las matriculas en Quebec. Foto tomada del quebec.huffingtonpost

 

Según datos de las cuatro federaciones que agrupan a las asociaciones de estudiantes huelguistas,  en el mes de marzo 316 000 estudiantes colegiales y universitarios de un total de 420000 estaban en huelga. A finales del mes de mayo, cuando el gobierno decretó la salida a vacaciones y la postergación del trimestre de invierno, con el propósito de debilitar el movimiento estudiante, 154163 estudiantes apoyaban activamente la huelga, mientras que un porcentaje no determinado había asumido una posición neutral frente al conflicto.  De otra parte, cerca de 4000 estudiantes agrupados alrededor del Movimiento de estudiantes socialmente responsables de Quebec había tomado posición a favor del alza. Sin embargo dicho movimiento perdió fuerza cuando salió a relucir que tres de sus cuatro principales dirigentes eran miembros activos de las juventudes del gobernante Partido Liberal.

 

En los inicios de la huelga otro grupo de estudiantes trató de organizar un movimiento contra la huelga y contra el alza, pero su posición no prosperó. El movimiento, que no contaba con un liderazgo claro ni con una organización sólida, terminó disolviéndose. Para manifestar su oposición a la medida gubernamental y a la huelga, este grupo de estudiantes decidió de enarbolar un cuadro de tela azul. En el curso de la huelga un grupo de estudiantes decidió de abandonar la huelga y de volver a clases, sin dejar de rechazar el alza, y para manifestar su posición, comenzó a portar un cuadro de tela verde. Este movimiento, como los otros que se han opuesto a la huelga, no pasó de ser una tendencia marginal en el seno del estudiantado.

 

Por haber apoyado las demandas de los estudiantes y por haber salido a hacer campaña en apoyo a un candidato de su partido cacerola en mano, Pauline Marois, jefe de la oposición quebequense, ha sido fuertemente  criticada por sus contradictores políticos. Imagen tomada de la línea del tiempo de facebook de Saul Polo

 

Sin embargo, el protagonismo entre los opositores a la huelga se lo ha llevado un número bastante reducido de estudiantes, que ha decidido de recurrir a los tribunales para hacer valer su derecho a estudiar. Algunos de ellos han ganado su causa y con el mandato de un juez en la mano han acudido a los cuarteles de policía, para exigirle a los uniformados, que los acompañen a los salones de clases para recibir sus cursos. El caso más célebre de todos ha sido el de Laurent Proulx, un estudiante de antropología de la Universidad de Laval, que fue el primero en ganar su causa en un tribunal. Un juez amparó su derecho a recibir clases, a pesar de que los estudiantes de su programa habían votado mayoritariamente la huelga. Varias de las tentativas de retorno a clases al amparo del mandato de un juez han terminado en batallas campales entre estudiantes y policías.

 

Preocupados por las consecuencias de este tipo de medidas, algunos directivos de centros educativos, al igual que las asociaciones de profesores, han levantado su voz para denunciar lo insensato de estos mandatos judiciales. Preocupados por lo que les pueda pasar a sus retoños en las confrontaciones frecuentes entre policías y estudiantes, un grupo de personalidades quebequenses y de padres de familias notables y anónimos han decidido enarbolar un cuadro de tela blanco en la solapa, para reclamarle al gobierno un manejo responsable de la crisis y a los estudiantes mesura.

 

La presión sobre el gobierno para que ponga fin al conflicto ha venido de todos los lados. Los sectores situados a su derecha le reclaman que mantenga el alza y cree programas especiales para favorecer el ingreso a la universidad de los estudiantes pobres que poseen talentos excepcionales. De otra parte no han cesado de exigirle que garantice el retorno a clase, usando todos los medios a su disposición, de los estudiantes que si quieren estudiar y que impulse la sanción judicial de los sectores más radicales del movimiento estudiantil. La clase media lo presiona para que desmonte la medida y busque otras alternativas de financiación diferente al bolsillo de los estudiantes. Ese discurso ha salido a relucir por el lado de las madres en cólera, un grupo de mujeres que sostienen que el alza de las matriculas dejaría por fuera de las universidades a los hijos de las familias de un solo (padre-madre) responsable, que son bastantes en Quebec y que hacen parte del sector más pobre de la sociedad. Los alcaldes de las ciudades que acogen universidades y colegios, reclaman que se ponga fin al conflicto, porque la huelga les está saliendo cara. Argumentan los mandatarios locales que los costos en materia de seguridad van en ascenso y en Quebec la factura del servicio policial corre por cuenta de las municipalidades. Por su parte los empresarios dedicados al negocio de la restauración y el espectáculo reclaman una solución al conflicto, porque sus ventas se han visto disminuidas. Los clientes han desertado de los bares y restaurantes, porque no quieren encontrarse en medio de  los choques entre policías y estudiantes.

 

Caricatura denunciando la ambigüedad del primer ministro Jean Charest y la ministra encargada de la educación. Mientras negociaba con la dirigencia estudiantil, el gobierno del primer ministro Charest preparaba una ley, que acude al recurso de la represión policial para reprimir la inconformidad de los estudiantes. Imagen tomada de facebook

 

Para demostrar que siempre ha tenido el control de la situación el gobierno aprobó una ley que restringe los derechos de movilización, de asociación y otra serie de derechos democráticos, que resultó echándole más leña a la hoguera. La ley 78, como se conoce en la nomenclatura legal, terminó involucrando en el conflicto a sectores que se habían mantenido al margen. Para los Analistas políticos, los académicos y los intelectuales la ley 78, tal como lo sostuvieron Bernard Descôteaux, Josée Boileau, Jean-Robert Sansfaçon, Marie-Andrée Chouinard y Serge Truffaut, editorialistas del periódico Le Devoir, socaba los cimientos de la democracia, pone en escena el talante autoritario del gobierno Charest y constituye una violación flagrante a la carta canadiense y quebequense de derechos y libertades.

 

Para protestar contra la ley la gente ha organizado cacerolazos en las principales ciudades de la provincia. Como las elecciones se acercan, el primer ministro Charest ha invitado a dirimir la confrontación en las urnas. Los estudiantes se han tomado la cosa en serio y ya han salido a hacer campaña puerta a puerta en aquellas circunscripciones, donde los liberales tuvieron que sudar la gota gorda para hacer elegir sus diputados. Su campaña parece haberles dado fruto. En una de las dos elecciones complementarias, que se realizaron a comienzo de junio para llenar dos escaños dejados vacantes por dos parlamentario liberales, que habían renunciado a sus cargos en dos distritos que han sido históricamente fortines liberales, el primer ministro acaba de perder un importante peón en las urnas.

 

De otro lado el conflicto ya cobró la cabeza de la ministra de educación, que debió abandonar su cargo,  poniéndole fin al mismo tiempo a una carrera política que iba en ascenso. Con la llegada del verano, la pelea parece bajar en intensidad, porque el verano para los quebequenses es sagrado. Pero en otoño, cuando los estudiantes regresen a clases, el pulso entre las partes continuara. Así lo aseguran los estudiantes.

 

Según los profesores Piroska Nagy y Martin Petitclerc, la actual huelga estudiantil representa el cuestionamiento más duro, que un sector de la sociedad le haya hecho al proyecto neoliberal, que una parte de la élite política y económica le han venido imponiendo poco a poco a los quebequenses. Otros analistas afirman que esta huelga pone en evidencia un conflicto intergeneracional. De un lado están los baby-bumer, afanados por pagar la deuda que su estilo de vida generó, queriendo arrebatarle a sus hijos y nietos las prerrogativas que ellos tuvieron. Por el otro lado se encuentra una nueva generación reclamando su derecho a tener las mismas oportunidades, que tuvo la pasada generación, y negándose a pagar las deudas que ésta contrajo.  

 

Comic sobre la realidad sociopolítica quebequense de los últimos meses. Imagen tomada de la línea del tiempo de facebook  de Francisco Angulo

 

Una mirada al debate generado por las huelgas estudiantiles en los medios

 

Las huelgas estudiantiles han generado en los medios un debate de cierta intensidad. Para sus partidarios, los estudiantes están poniendo al descubierto las fallas de un modelo de gestión del Estado y la sociedad, que no es viable y ha agotado su repertorio. Para los partidarios más radicales de las ideas conservadoras, los movimientos estudiantiles y sus huelgas, que denuncian el alza de los costos de la educación superior, son la última bandera que le queda a los sectores anticapitalistas, para llamar la atención de una sociedad que dejó de tomarse en serio sus proyectos utópicos. De acuerdo a la percepción que tienen sobre las cosas los partidarios del statu quo, los sectores anticapitalistas han podido captar la atención del estudiantado porque los jóvenes –en todas partes- son idealistas y se dejan embaucar por la palabrería florida de los agitadores profesionales.


La caricatura, una herramienta pedagógica de los sectores académicos para difundir su punto de vista sobre la sociedad y mostrar de manera cómica, con pocas palabras las aristas invisibles del malestar social en los momentos de crisis. Imagen tomada de la línea del tiempo de facebook  de Francisco Angulo

 

En opinión de André Gagnon, el alza exagerado de matrículas ha conducido, allí donde se ha impuesto, a un proceso de elitización social de las universidades, que se va a traducir en el largo plazo en un proyecto de elitización de la sociedad. Según su punto de vista, la apertura de las puertas de las universidades a todas las capas de la sociedad, a partir de la década de 1950, se convirtió en una correa efectiva de ascensión social para un número amplio de personas, que de otro modo hubiesen permanecido en las filas de la marginalidad o en los bordes de ella. Para aquellos que razonan como Gagnon, el interés de los sectores más conservadores de la sociedad de incrementar los costos de los estudios universitarios obedece a una posición ideológica, que tienen dichos sectores frente a la masificación progresiva de la educación universitaria. Para los ultra-conservadores es evidente que el acceso masivo a la educación es la causa principal del retroceso en el campo electoral de las ideas conservadoras, pues de la mano de la educación ha aumentado la concientización del ciudadano común, que ahora se muestra más dispuesto a hacer valer sus derechos y se interesa por participar en los asuntos de la vida pública, lo que se ha traducido en disminución de los privilegios de las élites sociales.

 

Desde la otra frecuencia, el discurso de la universidad para la élite se encuentra subjetivamente bien estructurado en un escrito de Lise Ravary, una periodista independiente y feminista quebequense. Ravary nos libra en su blog del Huffington Post Québec una suerte de manifiesto contra la huelga de los estudiantes en esta provincia canadiense, que es al mismo tiempo una proclama a favor del alza de los costos de las matrículas. Según su percepción de las cosas es claro que el alza de los costos universitarios es la vía que hará de la universidad un lugar reservado a un público selecto. De acuerdo a su visión, ‘‘si la universidad quiere conservar su pertinencia social debe continuar siendo una institución reservada a la élite y de élite. No para la élite social, sostiene ella, ‘‘sino para la élite del espíritu, para la élite del esfuerzo’’, que sería la única capaz de devolverle ‘‘sus títulos de nobleza y su independencia’’.

 

Ravary afirma que, en aras de restituirle a las universidades ese aire exclusivo que ostentaron en el pasado, ‘‘debemos aceptar que la universidad no es un derecho, sino un privilegio’’. Por eso frecuentarla debe ‘‘tener un costo’’. Sin embargo, la visión elitista –de corte social- de madame Ravary sobre la universidad se deja ver de cuerpo en entero en solo una frase, que escapó a su retórica cuidadosamente elaborada. Según ella los estudiantes deben sacarse de la cabeza de que no hay futuro posible si no se pasa por la universidad, pues ‘‘la sociedad tendrá siempre necesidad de choferes de autobuses, sobre todo con el auge del transporte en común, y los choferes de autobuses no se reclutan necesariamente entre los intelectuales’’.

 

La caricatura, una herramienta básica en la agitación estudiantil quebequense en la huelga de 2012. Imagen tomada de facebook

 

Otro punto, que es materia de debate, está relacionado con la idea de que las alzas de los costos universitarios favorecen el aumento de la calidad de la formación que estos centros ofrecen. Sin embargo lo que algunos entendidos sacan a relucir es que la mayoría de universidades costosas no ofrecen una formación de mejor calidad, que aquellas universidades que dependen de la financiación pública. En revancha, las universidades públicas han permitido el acceso de los grupos menos favorecidos de la sociedad a carreras liberales, como medicina, ingeniería, economía, administración y negocios, que permiten a los titulares de dichos diplomas de enriquecerse a partir de la formación recibida (tagtele).

 

Quienes defienden la idea del alza sostienen que en la medida en que las cosas cuestan la gente las valora más. De otra parte sostienen que si está probado que la educación universitaria abre las puertas del enriquecimiento, porque aquellos que serán los primeros beneficiados de dicho proceso formativo, no consideran el pago de los costos de la formación universitaria como una inversión. Según ellos, no tiene sentido que las personas más ricas de la sociedad financien con sus impuestos un servicio que va a facilitar principalmente la creación de riqueza individual. En lo que toca al punto del aumento de los impuestos a las ricos para financiar la educación de los pobres, Lise Ravary sugiere que los ricos son un bien bastante escaso en toda sociedad y agobiarlos con más impuestos, como la « taxe » Buffett, lo que haría sería espantarlos y empujarlos a llevarse sus fortunas a los paraísos fiscales, lo cual contribuiría al empobrecimiento de aquellas sociedades que acojan dicho camino, porque se cerrarían muchas empresas y se perderían muchos empleos.

 

Quienes se oponen a dicha tesis consideran que con dicho discurso lo que se busca es disminuir los impuestos al segmento más rico de la sociedad, descargando todo el peso de la construcción y reproducción de la sociedad sobre los hombros de la clase media, que sería la mayor afectada por el alzas, como quiera que los sectores más pobres terminarían siendo subsidiados –a la larga- por el Estado. De otra parte, el número de estudiantes universitarios provenientes de los sectores pobres es bastante bajo, mientras que la educación universitaria se ha convertido en un servicio indispensable para la clase media.

 

El debate sobre la financiación de la educación superior y el modelo de gestión del sistema universitario, no es un debate de poca monta. La importancia del debate radica en un aspecto: la educación universitaria se ha convertido en un recurso importante para la estabilidad política y el desarrollo económico de las naciones contemporáneas. En general, como se advierte en los trabajos de Karl Polanyi, Robert Castel, Francis Fukuyama y de Richard Florida, después de los años 1930 ha habido cuatro pasarelas que han favorecido el enriquecimiento masivo de la gente: los subsidios a los sectores más necesitados, que le han permitido a mucha gente acceder a ciertos servicios, que han mejorado su calidad de vida o la de sus hijos; los salarios, que le han permitido a los obreros calificados abandonar la clase popular e instalarse en la clase media de manera progresiva; la universalización de los servicios sociales y la construcción de infraestructura de uso público y, finalmente, la masificación de la educación. 

 

Segun Fukuyama, las sociedades que han llegado a consolidar a la clase media como su principal segmento social, lo han logrado gracias a la universalización de la educación, pues la masificación de la educación ha favorecido una mejor formación de los obreros, la diversificación del origen de los dirigentes políticos y empresariales, así como de los técnicos y científicos, que representan el principal recurso que una sociedad de capitalismo avanzado necesita para mantenerse competitiva. La masificación de la educación –particularmente de la educación universitaria- ha permitido en este tipo de sociedades la supresión progresiva de las diferencias de clases en el seno de la sociedad, pues existen pocos obstáculos que limiten la promoción social de un individuo con una sólida formación académica, mientras que los individuos que carecen de formación académica están generalmente condenados a ser ciudadanos de segunda categoría.

 

En conclusión, el debate que hoy enfrenta en varios países del globo a estudiantes y gobernantes por el tema de los costos de las matrículas universitarias pone sobre el tapete una profunda diferencia generacional en materia de gestión de aspectos sensibles en el campo social. Con sus protestas y sus arengas el estudiantado parece ser el grupo con mayor capacidad de respuesta conceptual y organizacional, que  han encontrado en el último quinquenio los partidarios del proyecto neoliberal en el camino que los ha venido conduciendo al desmonte del aparato social, que se construyó al amparo de la teoría del Estado de bienestar. El debate es un debate de fondo y pone sobre la mesa una variedad de elementos de carácter ideológicos.

 

La educación es un servicio que el estado no puede abandonar a libre juego del mercado de manera olímpica, como sucedió en Chile durante la era Pinochet. Parafraseando a Fukuyama se podría decir que el mercado por sí sólo no puede entrar a determinar los niveles apropiados de formación de la gente, la destinación de los recursos o las prioridades sociales en materia educativa. Determinar la orientación del sistema educativo de una sociedad es hoy en día un asunto, que invoca el desarrollo de un acuerdo sobre lo fundamental entre los diferentes actores que componen la sociedad. Dentro de esa lógica, es importante tener en cuenta, que a pesar de su parsimonia y de su ritualidad, el Estado es el único agente capas convocar a dichos atores, de regular sus intereses, de vigilar el cumplimento de los pactos y de coordinar el funcionamiento del sistema.

 

Sin negar que hay aspectos de la protesta estudiantil que son condenables, como las batallas campales con los policías, hay que sostener también que mientras los gobernantes de talante conservador se obstinen en reducir el gasto social en el sector educativo y en obligar a los estudiantes universitarios a asumir los costos de su educación, no queda otra alternativa que tomar la guitarra y desempolvar el célebre poema de Violeta Parra, inmortalizado por Mercedes Sosa y salir a cantar: ‘‘que vivan los estudiantes/ pajarillos libertarios / que marchan sobre las ruinas con las banderas en alto

 

Caricatura sobre la revuelta estudiantil de mayo de 1968 en Francia y las elecciones que siguieron a la protesta.  El caricaturista nos quiere transmitir la idea de que el descontento estudiantil de mayo contra el statu quo no se tradujo en rechazo político al statu quo en las urnas en las elecciones de octubre. Imagen tomada de planet.fr


Postcriptum: Dedico esta nota a la memoria de los estudiantes Marly de la Ossa Quiñones, Pedro Manotas Oláscaga, Sheila María Oláscaga, Luis Alberto Bello Cabadía y Francisco Ayazo, asesinados en la universidad de Córdoba por grupos paramilitares en los años 2000 y 2001.


[i]Bergquist, Charles. 2005. « Eduardo Posada Carbó. La nación soñada. Violencia, liberalismo y democracia en Colombia ». Anuario colombiano de historia social y de la cultura, N35, p. 472-475http://www.revista.unal.edu.co/index.php/achsc/article/viewFile/18310/19230

[ii] Martin, Gerald. 2009. Gabriel García Márquez : une vie. Paris: Grasset & Fasquelle, 701 p.  La percepción de Martin sobre la historia sociopolítica de Colombia puede ser consultada en la página 29 de la edición en francés de su libro.

[iii]Auzias, Dominique, Romain Viguier, Jean-Paul Labourdette. 2007. Colombie : Country Guide. Paris : Petit futé. 357 p.

[iv] Minotti-vu Ngoc, Delphine. 2002. Marginalité et répression en Colombie : le cas du « nettoyage social ». Thèse de doctorat, Université Stendhal-Grenoble III, 695 p. http://delphine.minotti.free.fr/these/tout2.pdf

[v] Camilo Sánchez Meertens y María Lucía Guerrero Farías, ‘‘Posada, Eduardo. La nación soñada. Bogotá: Grupo Editorial Norma, 2006, 383 pp’’ Historia Crítica, no.35 Bogotá Jan./June 2008

[vi] O.N.U., Rapport de la Haut-Commissaire des Nations Unies aux Droits de l’homme pour la Colombie-1997, Genève : O.N.U., 1998, p.19.

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